«Cuerpos para odiar» es un retrato crudo, auténtico y conmovedor de la vida de las travestis y trans. Expone la sordidez de la calle, la brutalidad policial, el hambre y el rechazo implacable de la sociedad. En un gesto político deliberado, Claudia Rodríguez desafía las normas ortográficas como símbolo de resistencia y reivindicación de las que no tienen voz. Es una obra emocionante y valiente que nos descubre a una autora impregnada de la realidad cruel de la vida marginal.
Claudia Rodríguez es un referente del movimiento trans latinoamericano. Comenzó su activismo en 1991, una vez terminado el gobierno militar de Chile, en la primera organización homosexual del país, Movilh Histórico. Su trayectoria abarca formación en derechos humanos, historia de la sexualidad y prevención del sida y otras enfermedades de transmisión sexual.
En 2007 se diplomó en estudios de Género en la facultad de Filosofía y Humanidades en Chile, para posteriormente iniciar la carrera de Trabajo Social. En la actualidad, Claudia Rodríguez se dedica principalmente a explorar la importancia de la lectura y escritura, así como la creación artística, como herramientas políticas en el movimiento travesti.

La trascendencia fundamental de «Cuerpos para odiar» radica en su capacidad para dinamitar los márgenes tradicionales de la literatura latinoamericana contemporánea. Consolidándose como un hito político, estético y cultural absolutamente indispensable en la actualidad. La obra de Rodríguez, rescatada de sus orígenes periféricos e independientes en formato de fanzine fotocopiado. Y compilada bajo la atenta mirada editorial de Mariana Enríquez, posee una importancia artística mayúscula que desafía las dinámicas del mercado tradicional.
Este libro ofrece una lectura deliberadamente ajena a las normas ortográficas y gramaticales impuestas por las academias de la lengua. Esta fractura formal y estilística no constituye en absoluto un descuido lingüístico menor o una falta de técnica. Sino un posicionamiento ideológico y estético radical de insubordinación.
Rodríguez demuestra con maestría que las vivencias de la calle, los cuerpos marginales, la pobreza urbana y las identidades travestis tienen el derecho soberano de narrarse a sí mismas con su propia voz, su propio ritmo, sus modismos y sus propios dolores corporales, rechazando por completo la condescendencia paternalista, la traducción higienizada o la validación intelectual de la alta cultura institucionalizada.
Paralelamente, el mensaje social que estructura e impregna cada página de la obra se despliega como una denuncia desgarradora, explícita y urgente frente a la violencia sistémica, estructural y el odio institucionalizado que las sociedades contemporáneas ejercen cotidianamente sobre las corporalidades trans y travestis.
A través de relatos fragmentarios pero profundamente punzantes, la autora expone sin filtros las dinámicas perversas de exclusión laboral, el desamparo médico crónico, la brutalidad judicial, el acoso policial. Así como el abandono estatal que empujan históricamente a este colectivo minorizado hacia la marginalidad económica extrema, el desarraigo familiar y el trabajo sexual como única alternativa de supervivencia material.
La narrativa opera de este modo como un espejo profundamente incómodo, desmitificador y crítico para una estructura social hipócrita que prefiere ignorar la violencia sistemática mientras sus instituciones formales castigan, patologizan, invisibilizan y borran activamente la disidencia sexual en las calles chilenas y latinoamericanas.
No obstante, el verdadero núcleo del mensaje constituye un llamado vehemente, combativo y furioso a la rebelión colectiva, la articulación política independiente y la autoorganización de las disidencias.

