En la actualidad, la inteligencia artificial ha llegado a nuestras redacciones para quedarse, sin embargo ante conflictos que vulneran la ética y la integridad periodística, es nuestra decisión saber el lugar que ocupa y qué función otorgarle. Asimismo, hay que tener presente que su presencia genera un debate con criterios encontrados de quienes ven la IA como un instrumento de eficiencia sin precedentes y, a la misma vez, como un factor que amenaza la esencia del periodismo.
¿Culpar la tecnología? La clave de esta dualidad no radica en la tecnología en sí, pues no podemos culpar al viento del desorden hecho cuando fuimos nosotros quienes dejamos las ventanas abiertas. Esto se traduce a la aplicación de estas herramientas no como un apoyo para perfilar nuestras notas, sino su utilización como un atajo para la generación masiva de contenido.

En análisis del panorama nacional de medios de comunicación en Uruguay, se evidencia que en varios medios tradicionales y portales en la web la IA comienza a ocupar un espacio definido y auxiliar. Durante la observación, podemos definir sus usos para tareas que demandan recursos y a la vez tiempo, pero que no constituyen la matriz del trabajo periodístico.
Hablamos de la transcripción automática de discursos o entrevistas como una de las demandas más extendidas. Esto posibilita y a la vez también libera al reportero de horas de trabajo mecánico. Del mismo modo encontramos sitios o agencias de noticias que a través de algoritmos analizan grandes volúmenes de datos, como por ejemplo resultados de elecciones o cifras económicas, como apoyo para la identificación de tendencias que posteriormente son investigadas y contextualizadas por humanos.
Dentro de las utilidades de la inteligencia artificial está la personalización de contenidos para lectores digitales, esto ofrece la posibilidad de sugerencia de artículos mediante algoritmos que identifican intereses previos. Asimismo, la utilización de mecanismos para la optimización de horarios de publicación en redes sociales para maximizar el alcance.

Sin lugar a dudas con su correcta utilización podemos agilizar procesos, reducir los costos operacionales en áreas específicas y permite que el periodista sin dejar de dedicarle esfuerzo al análisis, logre optimizar su trabajo sin obviar la verificación. Hay que entender la máquina como un soporte que funcione para potenciar el intelecto humano, sin aspirar al reemplazo del criterio editorial, la ética o la mirada crítica.
En contraste, como la moneda, el uso de herramientas como la IA presenta dos caras, comentamos las prácticas positivas, sin embargo en este contexto emerge otro fenómeno de forma paralela. En Uruguay, portales digitales, algunos nativos del entorno online utilizan esta herramienta con un fin que trasciende el “sostén”, nada más que la generación de textos automáticos.
Los conocidos “prompts» que no son más que las instrucciones que le ofrecemos a modelos de IA, en este caso basadas en eventos, donde el sistema construye los textos en segundos, donde la intervención humana es mínima o nula. Ante este caso, revelamos uno de los lados que generan más problemas en la incorporación tecnológica. En la mayoría de instancias los textos generados carecen de contexto, profundidad, y el estilo propio. En la mayoría de las informaciones encontradas se percibe homogeneización del lenguaje, un tono plano y una estructura redundante.

Además, el mayor riesgo no es en el estilo, sino en el contenido, pues estos sistemas pueden incurrir en errores factuales, producir sesgos presentes en sus datos de entrenamiento o generar información incorrecta que se presenta como veraz. ¿Qué pasa cuando un portal informativo prioriza la velocidad y el volumen por encima de la precisión?
La credibilidad se convierte en añicos, la saturación de contenidos superficiales degrada el valor de la información y compite deslealmente con otros medios. Los mismos se deben a su audiencia, el daño más profundo es hacia el público. ¿Será que el periodismo uruguayo se encuentra en una encrucijada tecnológica?. Es evidente que puede ser un aliado en la tarea de informar, no obstante, cuando se la utiliza como un sustituto del proceso periodístico integral, se convierte en enemigo de la calidad y la verdad.

