Muchos altibajos sorteó el gobierno cubano que llegó al poder en 1959; sin embargo, el mayor desafío siempre ha sido la disputa política con los Estados Unidos.

El destino de los cubanos

Se colocó a Cuba en una lista de países que patrocinan el terrorismo, y por tal causa se dificultan negociaciones, transacciones e inversiones; se pudieran mencionar otras medidas: guerra biológica, atentados, persecución financiera, incitación al levantamiento social…, pero nos da contenido para otras cuartillas.

Siempre hay alguien que dice que lo que viven ahora los cubanos no se compara con el “período especial”; luego del derrumbe del campo socialista y los aliados, Cuba perdió a sus principales socios. Muchos altibajos sorteó el gobierno cubano que llegó al poder en 1959; sin embargo, el mayor desafío siempre ha sido la disputa política con los Estados Unidos. La bandera que ha sostenido la pequeña isla de las Antillas ondea sobre los principios de soberanía, libertad, valores, igualdad y un socialismo, según los documentos, en constante construcción. Lo que ha sostenido la principal potencia mundial durante décadas, incluso un siglo, es que Cuba les pertenece por situación geográfica, y que era inadmisible que a tan pocas millas de distancia se gestara una revolución social, los cubanos tomaran el control y que no se inclinaran ante las presiones, al menos el gobierno. 

Administraciones estadounidenses, una tras otra, añaden su sello personal al paquete de medidas contra Cuba. Desde la Doctrina Monroe en 1823 (América y todas las islas que la integran pertenecen a los americanos; los americanos son los Estados Unidos); la Enmienda Platt a principios del siglo XX y de la cual es resultado la base naval ilegal anclada en Guantánamo; hasta la intención de aislar completamente a Cuba en el mapa, bloqueando toda opción de desarrollo, comercio e intercambio, no solo con Washington, sino con otras naciones. Existió una ley que privilegiaba a los cubanos que salieron ilegalmente de la isla; esto, por supuesto, incitó olas de personas a travesías peligrosas, la mayoría por mar; más los isleños que querían hacerlo legalmente y a través de servicios consulares, casi inexistentes, corrían con más trabas. Se colocó a Cuba en una lista de países que patrocinan el terrorismo, y por tal causa se dificultan negociaciones, transacciones e inversiones; se pudieran mencionar otras medidas: guerra biológica, atentados, persecución financiera, incitación al levantamiento social…, pero nos da contenido para otras cuartillas.

Contra todas estas ataduras ha tenido que luchar el gobierno cubano, durante muchos años, sin dejar de garantizar servicios sociales que considera desde su propia llegada al poder “logros”; pero por supuesto no ha podido con todo, y lidera un país con escaseces, deterioro habitacional, declive sanitario, insuficiencia de insumos, víveres… y el éxodo de su población más joven por no encontrar un futuro atractivo y que quieran vivir dentro de las fronteras nacionales. 

Cuba en su momento, fue el mayor exportador de azúcar del mundo, hoy importa azúcar para los servicios básicos; fue un destino turístico indispensable en América, hoy los índices muestran lo contrario; potencia médica a nivel mundial, con desarrollo científico comparado a países desarrollados, y calidad de sus profesionales reconocida por muchas naciones donde se prestaron y se presta colaboración… los hospitales hoy en Cuba, y lo reconocen sus directivos, carecen de muchos insumos y medicamentos, a pesar de la entrega y dedicación de sus trabajadores. Algo muy parecido sucede en la educación, gratuita a todos los niveles y obligatoria hasta la secundaria básica. 

Esta crisis económica, sostenida durante tanto tiempo, devino crisis social y política, una población dividida y que no ve solución, y la inexistencia, a mi juicio, de una oposición real e independiente dentro de la isla. Críticas al sistema existen muchas: voceros contra el gobierno y, más recientemente, jóvenes inconformes que se convierten en activistas políticos; sin embargo, a largo plazo, no existe un líder opositor que haya demostrado estar alejado del dinero de las ancas norteñas, aunque sea por las más nobles de las causas, y que además viva en Cuba. Bajo este panorama, están los que confían en el gobierno, los que piden un cambio en la concepción y dirigencia de la nación y otros que hallan la solución en una intervención norteamericana; estos últimos llaman mucho la atención. Preocupa, luego de tantas lecciones de historia, que alguien pudiera pensar que la solución a los problemas de Cuba está fuera de Cuba, y que el destino de sus ciudadanos lo pueda decidir otra nación. 

Luego de los sucesos de Venezuela a principios de año, la brújula de asedio del inquilino de la Casa Blanca ha apuntado hacia la mayor de las Antillas; otra medida: cualquier país que venda o regale petróleo a Cuba será sancionado con aranceles. No entran combustibles a la isla desde diciembre, declaró hace unos días el presidente Miguel Díaz-Canel. Donald Trump envía muchos mensajes sobre el fin del gobierno cubano, y se especula sobre plazos que le da a Díaz-Canel para abandonar el poder; afirma que mantiene conversaciones con altos cargos del mando en la isla y promete mejoría para los ciudadanos cubanos. La postura de la República de Cuba se mantiene en que esas conversaciones son inexistentes, al menos con el presidente, pero que están abiertos al diálogo; incluso Claudia Sheinbaum desde México se ofreció de mediadora. ¿La postura de Cuba es nueva? No, siempre el discurso ha sido que está dispuesta a desarrollar las relaciones con Estados Unidos sobre la base del respeto mutuo y la igualdad de condiciones; pequeños pasos se dieron en el 2016. 

Si ambos gobiernos quieren “conversar”, entonces, ¿por qué no lo hacen? Quizás está en el ceder de una isla contra su agresor durante tanto tiempo por el beneficio de su pueblo, o las condiciones de un imperio vanidoso que cree que el mundo entero es su aldea… La respuesta aún no ve la luz.

Lejos de las medidas, los pronunciamientos, discursos y el “estamos conversando” y él “no tenemos conversaciones”, están María, Juan, Pedro, estoy yo y millones de cubanos, dentro y fuera del país, que viven la incertidumbre diaria por una isla que lo único que ha querido en este mundo es ser independiente.

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