La instancia decisiva llegó con la promulgación de la ley correspondiente en Paraguay, que se sumó así al proceso ya finalizado por Argentina, Brasil y Uruguay.
La norma, firmada por el presidente Santiago Peña bajo la Ley N.º 7634/2026, incorpora formalmente el acuerdo al ordenamiento jurídico paraguayo, cerrando el ciclo de aprobación legislativa en todos los países miembros del bloque. Este paso era condición indispensable para avanzar hacia la implementación efectiva del entendimiento comercial birregional.
Con la ratificación completa en el ámbito del Mercosur, se abre ahora la etapa de entrada en vigor del acuerdo interino, cuya aplicación está prevista —según fuentes europeas— a partir del 1 de mayo de 2026 para aquellas partes que hayan cumplido con los requisitos formales, incluyendo la notificación oficial dentro de los plazos establecidos.
El acuerdo provisorio representa un avance significativo en la relación entre ambos bloques, al establecer un marco de libre comercio que apunta a ampliar el intercambio de bienes y servicios, mejorar las condiciones de acceso a los mercados y fortalecer la cooperación económica. Además, se inscribe dentro de las normas del sistema multilateral de comercio, particularmente en lo dispuesto por el artículo XXIV del GATT de 1994 y el artículo V del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS).
En términos estratégicos, el entendimiento entre el Mercosur y la Unión Europea no solo busca dinamizar el comercio bilateral, sino también consolidar una relación económica más estable, transparente y previsible. Esto adquiere especial relevancia en un contexto global marcado por tensiones comerciales, reconfiguración de cadenas de valor y creciente competencia entre bloques.
Sin embargo, el acuerdo también plantea desafíos. La apertura de mercados implica mayores exigencias para las economías del Mercosur, que deberán mejorar su competitividad, adaptar sus marcos regulatorios y enfrentar la presión de sectores productivos más desarrollados. Al mismo tiempo, genera expectativas en áreas como la inversión, la transferencia tecnológica y la diversificación de exportaciones.
Para los países sudamericanos, la concreción de este proceso de ratificación interna marca un punto de inflexión tras años de negociaciones y debates políticos. El foco ahora estará puesto en la implementación efectiva del acuerdo y en la capacidad de cada economía para capitalizar sus beneficios, minimizando al mismo tiempo los posibles impactos negativos sobre sectores sensibles.
De este modo, el Mercosur cierra una etapa clave y se prepara para ingresar en una nueva fase de integración comercial con uno de los bloques más importantes del mundo, en una apuesta que combina oportunidades de crecimiento con desafíos estructurales de largo plazo.

