La cuenta regresiva para el Mundial de Fútbol 2030 a realizarse en España, Portugal y Marruecos ya comenzó, pero no todo es celebración en las posibles ciudades anfitrionas. En España, dos de las sedes más emblemáticas del norte, Bilbao (San Mamés) y San Sebastián (Reale Arena), mantienen serias dudas sobre si finalmente darán el «sí» definitivo a la cita mundialista.
A pesar del indudable atractivo turístico y deportivo que supone albergar el evento futbolístico más importante del planeta, las administraciones vascas y los clubes locales se encuentran en una encrucijada debido a las estrictas exigencias de la FIFA y el elevado costo económico que esto representa.
El principal freno para el Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación de Vizcaya y el Athletic Club no es la falta de ilusión, sino el pliego de condiciones de la FIFA. Entre los puntos que generan mayor recelo se encuentran: la capacidad de los estadios, aunque San Mamés cumple con creces el mínimo, las reformas y adaptaciones de seguridad, palcos VIP y zonas de prensa requieren inversiones millonarias.
Otro punto es la cesión del control, durante las semanas que dura el torneo (y varias previas), las instituciones locales pierden prácticamente el control de sus propias instalaciones en favor de los patrocinadores y la logística de la FIFA. Así mismo, las exenciones fiscales y costos hoteleros, las exigencias de reservar un alto porcentaje de plazas hoteleras a precios cerrados para la «familia FIFA» y las ventajas fiscales demandadas por el organismo no terminan de convencer a las haciendas locales.

Ejecutivo autonómico pide calma y respeto
«El beneficio económico debe estar muy claro para justificar el desembolso de dinero público y las molestias a los ciudadanos durante un mes», deslizan fuentes cercanas a las negociaciones. Ante esto, el lehendakari (presidente del Gobierno Vasco en España) pide un “análisis profundo” y pide respeto a la decisión institucional por parte de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).
Ante la presión para cerrar el mapa de sedes y el ruido mediático generado, el Gobierno Vasco ha tomado la palabra para rebajar la tensión. Desde el Ejecutivo autonómico se ha hecho un llamamiento explícito al «sosiego» y se ha exigido un respeto absoluto a las decisiones que tomen las instituciones de cada territorio.
Las autoridades de Euskadi defienden que una determinación de este calibre, que compromete recursos públicos a largo plazo, debe basarse en un análisis riguroso y frío de coste-beneficio, y no en las urgencias de los organizadores del torneo.
Tanto en Bilbao como en San Sebastián preocupa también el impacto real del torneo. A diferencia de otras regiones que necesitan el Mundial para modernizar sus infraestructuras, el País Vasco ya cuenta con una red de transportes, hotelería y estadios modernos que se llenan cada fin de semana.
Las próximas semanas serán clave para ver si la RFEF flexibiliza las condiciones o si, por el contrario, Bilbao y San Sebastián deciden bajarse del barco del Mundial 2030 para evitar una «resaca financiera» a sus ciudadanos. En todo caso la lista oficial se conocerá a principios de 2027.

