Este fue un escritor, filósofo, filólogo, periodista y crítico dominicano que representó el movimiento modernista. Durante su niñez estuvo rodeado de un ambiente intelectual, su padre, Francisco Henríquez y Carvajal, médico de profesión, llegó a ocupar la presidencia de la República Dominicana. Mientras su madre, Salomé Ureña, fue poeta y educadora, fundadora de la primera escuela normal del país. Tras acabar sus estudios secundarios, Henríquez Ureña vivió en Estados Unidos, Cuba, México, España y Argentina. Completó su educación universitaria dedicándose al mundo de la investigación. Además de trabajar como profesor y conferenciante, mostrando sus grandes dotes de humanista.
La historia intelectual de América Latina en el siglo XX no puede entenderse sin la figura de Pedro Henríquez Ureña. A los veinte años, mientras residía en Cuba, publicó su primera obra, «Ensayos críticos», un adelanto de lo que sería su carrera. Luego se trasladó a Nueva York, donde aprendió inglés y obtuvo un máster y un doctorado en Letras en la Universidad de Columbia. Pero fue en México, a principios de los años veinte, donde su carrera dio un salto significativo al ser nombrado Director General de Enseñanza Pública y catedrático en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En esos años colaboró con la revista «Savia Moderna», vinculada al movimiento modernista del que él mismo formaba parte.

Su inquietud intelectual lo llevó luego a España donde en Madrid trabajó en el Centro de Estudios Históricos junto a Ramón Menéndez Pidal, uno de los filólogos más importantes de la época. De esa colaboración surgió su impulso a la «Revista de Filología Española», publicación que marcó un hito en los estudios lingüísticos del mundo hispánico. Más tarde cruzó el Atlántico para impartir clases en la Universidad de Minnesota, donde ocupó la cátedra Charles Eliot Norton, un honor reservado a intelectuales de prestigio.
En 1925 se estableció en Argentina, país que se convertiría en su segunda patria. Allí fue profesor en las universidades de Buenos Aires y La Plata, y entabló una estrecha relación con figuras como el filósofo Alejandro Korn y el crítico español Amado Alonso. A finales de 1931 regresó a Santo Domingo para ocupar la Superintendencia General de Enseñanza, con la intención de reformar el sistema educativo dominicano. Pero dos años después, frustrado por la falta de apoyo, volvió a Buenos Aires, donde fundó la Universidad Popular Alejandro Korn, institución que dirigió desde 1937 hasta su muerte.
En 1940 fue corresponsal del «Heraldo de Cuba» y dictó clases en las universidades de Minnesota, Chicago y California. Ese mismo año recibió una invitación de la Universidad de Harvard para impartir nuevamente las prestigiosas conferencias Charles Eliot Norton. Este es un reconocimiento excepcional para un intelectual latinoamericano. Para 1925 publicó «La utopía de América», un ensayo donde reflexionaba sobre el destino cultural del continente.
Asimismo, en 1928 aparecieron «Seis ensayos en busca de nuestra expresión», un análisis sobre las particularidades de la literatura latinoamericana. En 1936 dio a conocer «La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo», un estudio erudito sobre el período colonial en La Española. Ya en 1945 reunió sus conferencias de Harvard en un volumen que tituló simplemente «Conferencias». Al año siguiente, y de manera póstuma, se publicó su «Historia de la cultura en la América Hispánica», obra que sintetiza décadas de reflexión sobre el devenir cultural de la región.
Además de estos libros, Henríquez Ureña realizó aportes fundamentales en el campo de la lingüística. Junto a Amado Alonso escribió la «Gramática castellana» , un texto que durante décadas formó a generaciones de estudiantes. Su labor como periodista también fue destacada pues colaboró con numerosas publicaciones en distintos países. La muerte lo sorprendió en Buenos Aires el 11 de mayo de 1946, a los 61 años.

