En el marco del Día Internacional de la Mujer, la figura de Pilar Simon emerge como una de las voces jóvenes más firmes dentro del Partido Nacional. Con apenas 28 años, más de once de militancia activa y una trayectoria marcada por la disputa de espacios históricamente masculinizados, Simon encarna una generación que interpela al sistema político desde adentro.
Presidenta de la Juventud del Partido Nacional y diputada suplente, su recorrido no estuvo exento de tensiones, resistencias y debates incómodos, pero sí atravesado por una convicción sumamente clara: la política es una herramienta para transformar, no un lugar para pedir permiso. Así lo detallaba en una entrevista exclusiva para Diario La R.
Una militancia adolescente
Pilar Simon comenzó su camino político siendo adolescente. “Militando activamente. En el Partido estoy desde 2014. 12 años van a ser este año que estoy dentro del Partido Nacional. Comencé a los 16 años”, recuerda. Su vínculo con el partido tiene raíces familiares, aunque su llegada no fue inmediata ni natural. “Mis padres son blancos de toda la vida”, explica, pero confiesa que en un inicio rechazaba la política: “Yo detestaba la política con mi vida. Me daba lo mismo cualquier partido político, pero yo los detestaba”. Llegado el momento, su familia brindó la información que consideró necesaria para que Simón se sintiera libre de elegir el partido que considerara más afín a sus creencias, decidiendo seguir la línea familiar.
El punto de inflexión llegó en un acto del Partidario Nacional durante la campaña electoral de 2014. “Fue la primera vez que yo le entendí todo en un discurso político”, refiriéndose al brindado por el en aquel entonces, candidato a la presidencia Luis Lacalle Pou. Allí descubrió algo que no esperaba: jóvenes militando, ideas que conectaban con su generación y una referencia política clara. “Veía a Luis como una referencia a nivel generacional y a nivel de ideales vinculados a la libertad, a la justicia, a la defensa de las libertades”.
Desde ese momento, el compromiso fue en aumento. “Ahí empecé a militar”, afirma, y con el tiempo el acompañamiento se invirtió: “Ahora es al revés, yo milito y mis padres me acompañan”.

Ser mujer y joven dentro de un partido político histórico
Ser mujer y joven dentro del Partido Nacional implicó para Pilar Simon enfrentar desafíos que, según afirma, aún persisten. “No solamente sos mujer, sos una pendeja. O sea, vos no sos de nada”, resume con crudeza una percepción que, asegura, todavía atraviesa muchos espacios de decisión. Aun así, reconoce avances impulsados principalmente por las nuevas generaciones, que comenzaron a cuestionar prácticas históricas dentro del partido.
En ese marco, el 8 de marzo ocupa un lugar central en su recorrido político. “Para mí es una fecha de reivindicación de derechos y de alguna forma de lucha hacia la búsqueda de la igualdad de derechos”, sostiene. Desde su mirada, ha sido la militancia joven la que logró instalar el debate internamente: “Es la juventud del Partido Nacional la que pone el tema arriba de la mesa”, pese a que no siempre se comparten las consignas ya que considera “mezclan causas políticas por fuera de lo que significa la causa en sí”.
Simon reconoce que existen tensiones dentro del partido respecto a la marcha y a las consignas que allí se expresan, pero traza una línea clara entre la forma y el fondo. “No por eso yo tengo que abandonar la causa. Para mí la causa es mucho más grande que la marcha”, afirma. Y agrega: “Yo vivo mi feminismo de otra forma”.
Para la juventud del Partido Nacional, fechas como el Día Internacional de la Mujer —al igual que otras consignas sociales— “generan mucha controversia”. Sin embargo, para Simon representan “el sentir histórico del partido”, aunque reconoce que en otros sectores esa lectura no es compartida y es allí donde surge, muchas veces, “la controversia de cual es la postura del Partido Nacional”.
Referentes, cupos y cambios culturales
La ex vicepresidenta Beatriz Argimon aparece como una figura clave en su formación política. “Beatriz se hizo así, a los golpes, a los gritos. A decir, no, acá yo vengo a las reuniones donde se toman las decisiones. Y fue la primera mujer que presidió el directorio y eso históricamente también era como una señal muy dura para lo que representaba la institución del partido”, señala. Para Simon, ese camino abrió puertas: “Yo soy la primera presidenta mujer de la Juventud. Entonces también cargo con mucha responsabilidad de que todas las que vengan atrás no vean que esto es re difícil de hacer”.
Sobre la ley de cuotas, critica que “a ninguna mujer le gusta la cuota. Es mentira”, afirma. Y explica: “El problema es que el sistema político te obliga a que la tercera sea mujer y no es lo que dice la ley”. Para ella, sin un cambio cultural profundo, la herramienta pierde sentido.
Relata situaciones que evidencian prácticas arraigadas: “Se peleaban a quién le correspondía ese lugar porque le tocaba poner a una mujer”. O incluso estrategias para eludir la representación: “Compañeros que te ponen a una mujer en la titularidad para después hacerla renunciar”.

Decisiones, cuidados y violencia política
Al identificar los principales obstáculos que enfrentan las mujeres en la política, Simon señala como uno de los más relevantes la desigual distribución de las tareas de cuidado. “Las mujeres dentro del Partido Nacional casi todas tienen hijos. ‘Me tengo que ir temprano’, ‘no me puedo quedar al asado donde vas a tomar las decisiones’”, describe, aludiendo a las dinámicas informales donde muchas veces se define el poder. Frente a eso, cuestiona la lógica de esos espacios: “Sería mejor tomar decisiones a las 4 de la tarde”.
En su reflexión, pone el foco en las barreras culturales que muchas veces las propias mujeres reproducen. “Creo que a veces tampoco nos animamos, es una cuestión de voluntad nuestra, el tener que andar pidiendo permiso. Es como parte de nuestra personalidad, el siempre estar pidiendo permiso en vez de perdón”. Desde su experiencia personal, marca su postura. “Yo prefiero pedir perdón antes que permiso siempre, no importa el ámbito y a veces incluso no me importa ni siquiera si la generación”.
Ese aprendizaje, asegura, se construye con el tiempo. En ese recorrido, advierte sobre la responsabilidad de quienes ocupan lugares de conducción y cómo la escasez de espacios termina generando tensiones entre mujeres.
Simon amplía la discusión hacia los compromisos internacionales y los problemas estructurales. “A mí me indigna todavía que sigamos hablando de que hay una brecha de un 30% en salarios entre mujeres y hombres en este país”, afirma.
Desde su mirada generacional, el sistema político llega tarde a los debates clave debido a que “no se ponen sobre la mesa los temas que realmente nos están generando problemas a futuro”, advierte. Y remarca: “Si no somos nosotros los que estamos poniendo arriba de la mesa el tema, nadie lo va a poner por nosotros”.
Un mensaje para las que vienen
Para finalizar, Simon reflexiona sobre el camino que ha recorrido y hasta donde ha llegado y sostiene que: “La política es una herramienta para servir y para ayudar al otro, no para vivir de esto”.
Su mensaje a las mujeres jóvenes que quieren acercarse a la política es que “los lugares no están para gente predilecta con apellido”. Y cita a Wilson Ferreira Aldunate: “La puerta está entornada, pateenla y entren”.
“No tengas miedo”, insiste. “Nadie te va a ofrecer nada. Esto es así, vos pateás la puerta o alguien más lo va a hacer por vos”. Para Simon, ocupar espacios no es un privilegio, es una responsabilidad generacional.

