por Facundo de Almeida*
(*) Gestor cultural. Docente de gestión cultural de la Udelar, de gestión del patrimonio de la Universidad Di Tella (Buenos Aires) y de gestión cultural internacional de la Universidad Nacional de Río Tercero (Córdoba).
Esta nota iba a ser, en principio, una reseña de lo acontecido el viernes 26 y el sábado 27 de diciembre de 2025 en el Departamento de Colonia, escenario del Primer Festival de Música Clásica de Conchillas, una propuesta cultural de acceso gratuito desarrollada en el emblemático Edificio Evans.
Sin embargo, el privilegio de haber participado como público de este momento fundacional; la calidad artística de las propuestas musicales, bajo la dirección de la pianista Mariana Airaudo; la articulación virtuosa con la Asociación Civil Amigos de Conchillas; y, sobre todo, la respuesta masiva y entusiasta de los asistentes, invitan a trascender la crónica y a ensayar una reflexión desde la perspectiva de la gestión cultural.
El festival ofreció cuatro conciertos en un solo fin de semana, protagonizados por artistas uruguayos con sólidas trayectorias internacionales: dos de ellos residentes en Francia y Alemania, respectivamente, y los restantes radicados en el país, aunque con un recorrido igualmente destacado en el exterior. Tal vez no sea exagerado sugerir que el adjetivo “internacional” se incorpore al nombre de la propuesta. Primera enseñanza: no todo lo relevante sucede en la capital; muchas veces es necesario salir hacia el interior para encontrar experiencias culturales de excelencia.
La programación se inició el viernes 26 con la presentación de la soprano Ana Escudero, quien abordó un repertorio de ópera y mélodies, junto con Mariana Airaudo, presente como pianista en los cuatro conciertos del festival. El segundo turno fue para el violinista fernandino Diego Núñez, con su propuesta Noche Bohemia, otra expresión de virtuosismo de un músico formado en Maldonado y Montevideo y perfeccionado en Estados Unidos. El sábado 27, el público pudo disfrutar del concierto del prestigioso trombonista Jonathan Martínez, residente en Hamburgo, y de un cierre a cargo del Dúo Che Papusa, integrado por la cantante Manuela Hernández y la propia Airaudo.
La directora artística del festival es magíster por la Universidad Nacional de Rosario y una reconocida pianista especializada en música de cámara. Aunque ella no se autodefina como gestora cultural —quizás porque su formación académica no transitó explícitamente ese campo—, el resultado de esta primera edición confirma que lo es también: productora, articuladora y gestora de un proyecto cultural sólido y sensible.
Quienes trabajamos en gestión cultural lo sabemos bien: las primeras ediciones suelen ser las más complejas y desafiantes. Este proyecto contó con el madrinazgo de Marta Arjona, arquitecta con una extensa trayectoria en el impulso de iniciativas musicales, entre ellas Conciertos del Este, quien vinculó a la organizadora del encuentro con las integrantes de la Asociación Civil Amigos de Conchillas, que no solo acompañaron la idea, sino que la hicieron propia. El entusiasmo y dedicación de Adriana Sosa Villoldo, Adriana Alonso y Gianela Fonte, directivas de la organización, se vió en cada detalle del encuentro.
El resultado fue contundente: salas colmadas durante ambas jornadas, con cerca del 25% de la población local sentada en las butacas del Edificio Evans, junto a público proveniente de localidades cercanas y también desde Montevideo.
¿Qué aprendizajes deja este Primer Festival de Música Clásica de Conchillas? En primer lugar, la necesaria combinación de sueños, pasión, entusiasmo, ambición, humildad y profesionalismo para impulsar un proyecto cultural sostenible.
La denominación de “primer festival” ya habla de una mirada de mediano y largo plazo, de la voluntad de sembrar una semilla destinada a crecer año tras año. Esa es una lección clave para cualquier gestor cultural: pensar proyectos ambiciosos pero realistas, concretos en su ejecución, aunque abiertos al crecimiento y la superación de la idea original.
Un segundo aprendizaje fundamental fue la elección del lugar. Conchillas es un pueblo turístico reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación, con un enorme valor arquitectónico e histórico, que brindó un marco excepcional. Su cercanía a polos de enorme atractivo como Colonia del Sacramento, y su potencial para convocar público de Montevideo y Buenos Aires, refuerzan su posicionamiento como destino cultural. La belleza y valor histórico del Edificio Evans, que sin lugar a dudas tiene que mantenerse como sede central del festival, no implica que pueda ampliarse a otros espacios como capillas, edificios históricos y a las bodegas cercanas, enriqueciendo la propuesta cultural -en un sentido amplio- y también turística, que quienes lleguen de lejos a disfrutar de la música puedan disfrutar también de otros atractivos de la zona.

Foto: Mariana de Almeida.
Las experiencias que combinan programación artística de calidad, espacios patrimoniales y participación comunitaria suelen generar impactos que trascienden lo simbólico: activan economías creativas, fortalecen identidades locales y amplían la oferta de turismo cultural. Existen innumerables ejemplos en el mundo; el desafío está en aprender de ellos y adaptarlos a la realidad uruguaya.
Durante el fin de semana del festival se agotaron las plazas hoteleras de Conchillas, confirmando, una vez más, que la cultura —y en particular la música— puede convertirse en un verdadero motor de desarrollo local. Tal vez, iniciativas como esta impulsen también la recuperación y puesta en funcionamiento del histórico Hotel Conchillas, joya arquitectónica de comienzos del siglo XX.
Otro aprendizaje relevante, tanto para gestores culturales como para responsables de políticas públicas, es que los proyectos no pueden imponerse desde afuera. El involucramiento y compromiso activo de la Asociación Civil Amigos de Conchillas fue determinante para el éxito de la propuesta y lo será para su continuidad y crecimiento.
Esto conduce a otra premisa esencial: el trabajo en equipo y la cooperación interinstitucional son esenciales. El festival contó con el apoyo del Municipio de Conchillas, las empresas Montes del Plata y Servicial, la Intendencia de Colonia, el Espacio Casa Evans y de la citada asociación civil, reafirmando que la articulación público-privada es una herramienta clave para concretar iniciativas de este tipo.
Las salas llenas, el silencio respetuoso durante cada interpretación y los aplausos entusiastas al final de cada obra inclinan claramente la balanza en una vieja discusión de la gestión cultural: cuando falta público, ¿el problema es de demanda o de oferta?
El Primer Festival de Música Clásica de Conchillas podría haber sido percibido como una propuesta destinada a un público especializado —y parte del repertorio lo confirmaría—, pero la excelencia artística, la claridad en la comunicación y el trabajo sostenido permitieron que personas de todas las edades disfrutaran de dos noches memorables.
Con demasiada frecuencia, artistas y gestores caen en la autocomplacencia y atribuyen la ausencia de público a una supuesta falta de interés o de conocimiento sobre determinado género o expresión artística. Sin embargo, la teoría y la experiencia demuestran que cuando una propuesta artística es de calidad, se comunica adecuadamente y se gestiona con profesionalismo, la respuesta del público es contundente. Decía la gran gestora cultural argentina Teresa de Anchorena: «Todo el mundo es sensible a la belleza», con ese compromiso democratizador del arte y la cultura que practicó toda su vida y que es un hermoso corolario de este primer festival.
Esta primera edición tiene poco para corregir y mucho margen para crecer. La necesidad de contar con un piano de mayor calidad en el Edificio Evans debería ser una prioridad, no solo para este evento, sino para su programación habitual.
No tengo dudas que, dentro de algunos años, al volver a leer estas líneas, recordaré el privilegio de haber sido testigo de un momento fundacional: el inicio de un sueño cumplido, que no sólo enriquecerá la vida cultural de Conchillas, sino que se consolidará como una estrategia de desarrollo local y de fortalecimiento del enorme atractivo de uno de los pueblos más bellos del Uruguay.
(*) Gestor cultural. Docente de gestión cultural de la Udelar, de gestión del patrimonio de la Universidad Di Tella (Buenos Aires) y de gestión cultural internacional de la Universidad Nacional de Río Tercero (Córdoba).


Gracias por este maravilloso artículo!
Por muchos festivales mas!!
Muchas gracias por estar y presenciar este hermoso espectáculo. Y por elegir mi pueblo Conchillas,donde vio nacer al Maestro Eduardo Gilardoni.
Muy bueno. Y que estas cosas se divulguen mucho más. Se promociona la Fiesta del Sombrero, del Mate, de la Mazamorra, del Facón y montones de eventos, todos respetables, y de algo tan ligado a la cultura y a la que mucha gente, muchas veces por desconocimientos no tiene acceso, apenas se informa.