La seguridad ginecológica y obstétrica en el parto es fundamental para prevenir eventos adversos, infecciones y complicaciones. Esto con el objetivo de reducir la mortalidad materna y neonatal por medio de la identificación oportuna de riesgos y la aplicación de protocolos basados en evidencia. Dentro de ellos se encuentra el monitoreo fetal continuo, higiene estricta, evitar intervenciones innecesarias (episiotomía o rasurado rutinario) y fomentar el movimiento. Junto a esto se debe garantizar una atención digna, humanizada y competente, optimizando la salud física y emocional de la madre y el bebé.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que se debe mantener una atención respetuosa de la maternidad, la cual remite a la atención organizada y proporcionada a todas las mujeres de manera que mantenga su dignidad, privacidad y confidencialidad. Así como que se asegure la integridad física y el trato adecuado, y permita tomar una decisión informada y recibir apoyo continuo durante el trabajo de parto y el parto. Por otro lado, se necesita una comunicación efectiva entre los especialistas y las mujeres en trabajo de parto, así como un buen acompañamiento por parte de familiares y el personal a cargo en el centro hospitalario. Por otra parte, enfatizan en la atención continua durante la gestación, parto y postparto para garantizar la salud integral del neonato.

La OMS también manifiesta que en el caso de las embarazadas sanas con trabajo de parto espontáneo, se recomienda una política de demora del ingreso a la sala de preparto hasta el período de dilatación activa, únicamente en el contexto de la investigación rigurosa. Además de que se debe evitar la exposición a la cardiotocografía continua para evaluar el bienestar del feto en embarazadas sanas con trabajo de parto espontáneo. Junto a esto, se debe evitar que la
mujer sea expuesta a situaciones de estrés durante el periodo de gestación pues el estrés psicosocial durante el embarazo (EPE) es un factor de riesgo que suscita en muchas ocasiones en el parto prematuro. Al ser de las causas más comunes y más peligrosas, aquí se enfatiza en que el parto prematuro es un problema de salud pública significativo y creciente que conlleva un aumento de la morbilidad y mortalidad neonatal. Hay que tener en cuenta que el parto prematuro es la principal causa de mortalidad infantil en los países industrializados, representando el 60% de la mortalidad perinatal y aproximadamente la mitad de la morbilidad neurológica a largo plazo.
Durante el parto se recomienda además, que se lleven a cabo técnicas de relajación durante el proceso. Pues las técnicas de relajación durante el parto como respiración diafragmática, visualización, masajes y ambiente controlado son fundamentales para reducir la intensidad del dolor, disminuir la ansiedad y acortar la duración del trabajo de parto. Cabe destacar que estas prácticas aumentan la oxitocina y endorfinas, promoviendo una experiencia de parto más positiva y empoderada.
La atención del parto está encaminada a disminuir la morbi-mortalidad fetal y materna, se disminuyen riesgos de hemorragias o de complicaciones, aunque aún con una atención estrecha siempre puede haber condiciones no prevenibles, la función de la atención del parto es implementar medidas para mejorar las condiciones de salud. Después del parto viene la etapa de puerperio, esta es una etapa crucial en la cual se requiere revisar la cantidad de sangrado, la adecuada involución uterina si hay heridas de cirugía o episiotomía revisar que estén en buen estado y sobre todo revisar signos vitales y manejo del dolor de la madre, así como promover la lactancia materna exclusiva y el apego. La atención del parto por especialistas certificados es un pilar para lograr un nacimiento feliz, la buena comunicación y la confianza en el obstetra son importantes en una de las etapas más significativas de la vida.

