Caminar hoy por sus calles restauradas, donde el sonido de las obras conviven con edificios históricos recuperados y nuevas infraestructuras, permite comprender que Azerbaiyán busca algo más profundo que reconstruir una ciudad devastada por décadas de disputa territorial: pretende reconstruir un relato nacional y proyectarlo hacia el mundo.
No es casual que el Gobierno de Ilham Aliyev haya elegido nuevamente esta ciudad para celebrar el IV Foro Global de Medios de Comunicación de Shusha. Tampoco lo es el lema escogido para la edición 2026: «La misión de los medios de comunicación en la promoción de la paz: restaurar la verdad y reconstruir la confianza». En una época donde la inteligencia artificial, la desinformación y la geopolítica compiten por moldear la opinión pública mundial, el escenario elegido transmite un mensaje político cuidadosamente construido.
Durante la apertura del foro, Hikmet Hajiyev, asistente del presidente de Azerbaiyán y principal responsable de política exterior de la Presidencia, resumió esa intención con una frase que atravesó toda la jornada: «Es difícil encontrar un lugar más apropiado que Shusha para debatir el futuro de los medios de comunicación mundiales».
La afirmación puede parecer retórica. Sin embargo, adquiere otra dimensión cuando se observa el contexto histórico de la ciudad.

La ciudad convertida en símbolo
Para los azerbaiyanos, Shusha constituye uno de los principales centros culturales de su historia. Para los armenios, la ciudad —conocida como Shushi— posee igualmente un profundo valor histórico y religioso. Esa doble carga simbólica explica por qué este enclave montañoso terminó ocupando un lugar central en el conflicto por Nagorno Karabaj.
Durante la primera guerra, tras la desintegración de la Unión Soviética, las fuerzas armenias tomaron el control de la ciudad en 1992. Permaneció bajo administración armenia durante casi tres décadas, hasta que la guerra de 2020 modificó sustancialmente el equilibrio militar. La recuperación de Shusha por parte de Azerbaiyán se convirtió en el punto de inflexión del conflicto y abrió el camino al acuerdo de alto el fuego mediado por Rusia.
Tres años más tarde, en septiembre de 2023, Bakú lanzó una operación militar que terminó con la desaparición de las estructuras separatistas armenias en Nagorno Karabaj y restableció el control efectivo del territorio por parte del Estado azerbaiyano. La consecuencia humanitaria fue igualmente profunda: la inmensa mayoría de la población armenia de la región abandonó el enclave rumbo a Armenia, un episodio que continúa generando fuertes controversias diplomáticas y acusaciones cruzadas entre ambas partes.
Desde entonces, el Gobierno de Azerbaiyán ha iniciado un ambicioso programa de reconstrucción urbana que combina inversiones multimillonarias, restauración patrimonial e importantes proyectos de infraestructura. Pero la reconstrucción física constituye solamente una parte del proyecto.
Existe otra reconstrucción, menos visible, que apunta a recuperar legitimidad internacional y consolidar una narrativa propia sobre el conflicto.
La batalla por el relato
El discurso de Hikmet Hajiyev giró precisamente alrededor de esa idea.
«Este foro no es solamente una conferencia», afirmó ante centenares de periodistas provenientes de más de cincuenta países. «Es una plataforma donde periodistas, académicos, responsables políticos y líderes tecnológicos analizan cómo preservar el valor más importante del periodismo: la verdad basada en los hechos.»
La frase refleja uno de los grandes dilemas contemporáneos. Nunca la humanidad produjo tanta información. Nunca fue tan difícil distinguir la información rigurosa de la propaganda, la manipulación o la falsificación digital.
La inteligencia artificial ha multiplicado esa complejidad. Hoy resulta técnicamente posible generar imágenes, voces y videos prácticamente indistinguibles de los reales. Las campañas de influencia ya no dependen exclusivamente de grandes medios estatales. Redes sociales, algoritmos y herramientas generativas modifican la velocidad con la que se construyen las percepciones públicas. En ese escenario, la comunicación deja de ser un componente accesorio de la política internacional para transformarse en un elemento central de la seguridad nacional. Hajiyev sostuvo que las guerras contemporáneas no se libran únicamente mediante operaciones militares. También se combaten mediante narrativas.
La paz también depende de la información
Uno de los conceptos más interesantes de la jornada fue precisamente esa ampliación del concepto de paz. «Hoy la paz depende no solo de la diplomacia, sino también de una comunicación responsable», afirmó el funcionario. La reflexión encuentra eco mucho más allá del Cáucaso.
Desde la invasión rusa a Ucrania hasta el conflicto en Gaza, pasando por las tensiones en el Indo-Pacífico o las campañas de desinformación detectadas durante procesos electorales occidentales, la dimensión informativa se ha convertido en un nuevo teatro de operaciones. Los gobiernos invierten crecientes recursos en comunicación estratégica mientras los medios tradicionales enfrentan una crisis de credibilidad, sostenibilidad económica y competencia tecnológica. En ese contexto, Shusha intenta posicionarse como un espacio de discusión internacional sobre el futuro del periodismo.

Una paz todavía incompleta
Sin embargo, detrás del discurso sobre la cooperación internacional persisten heridas abiertas. Durante su intervención, Hajiyev sostuvo que, aunque el conflicto militar haya concluido, continúan existiendo sectores «revanchistas» dentro de Armenia que, según la posición oficial de Bakú, mantienen discursos incompatibles con una paz definitiva. También cuestionó la cobertura de algunos medios internacionales, a los que acusó de intentar reconstruir narrativas que, desde la óptica azerbaiyana, desconocen la nueva realidad política y territorial del Cáucaso Sur. Esas afirmaciones reflejan una disputa que trasciende las fronteras. La negociación entre Armenia y Azerbaiyán avanza lentamente hacia un eventual tratado de paz, alentado por la Unión Europea, Estados Unidos y otros actores internacionales. Sin embargo, persisten diferencias sobre delimitación fronteriza, corredores de transporte, garantías de seguridad y memoria histórica. El riesgo de incidentes militares no ha desaparecido completamente.
El nuevo tablero del Cáucaso
La importancia internacional de esta región supera ampliamente sus dimensiones geográficas. El Cáucaso constituye un corredor estratégico entre Europa y Asia. Por allí transitan oleoductos, gasoductos y futuros corredores ferroviarios que adquieren un valor creciente para Europa, especialmente desde que la guerra en Ucrania obligó a reducir la dependencia energética respecto de Rusia. Azerbaiyán se presenta hoy como un proveedor alternativo de energía para la Unión Europea y como una pieza relevante dentro del denominado Corredor Medio, la ruta comercial que conecta China con Europa atravesando Asia Central y el mar Caspio. Ese posicionamiento fortalece el peso diplomático de Bakú y explica parte del creciente interés internacional por la estabilidad regional.
Más que un foro de periodistas
Mientras las sesiones continúan debatiendo inteligencia artificial, ética periodística y reconstrucción de la confianza pública, resulta evidente que el Foro Global de Medios de Shusha persigue objetivos que exceden el ámbito de la comunicación. Es también un instrumento de política exterior. Una ventana mediante la cual Azerbaiyán procura mostrar al mundo una imagen de estabilidad, modernización y liderazgo regional después de haber modificado el equilibrio geopolítico del Cáucaso.
El éxito de esa estrategia dependerá no solo de la reconstrucción material de Shusha, visible en cada avenida restaurada y en cada edificio recuperado, sino también de la capacidad del país para consolidar una paz duradera con Armenia y convencer a la comunidad internacional de que el futuro puede escribirse sin volver permanentemente sobre las heridas del pasado. Porque, al final, la reconstrucción de una ciudad puede medirse en kilómetros de carreteras, viviendas o monumentos restaurados. La reconstrucción de la confianza —la verdadera aspiración planteada en este foro— exige algo mucho más difícil: tiempo, diálogo, voluntad política y un periodismo capaz de distinguir los hechos de las narrativas que intentan apropiarse de ellos.

