Ozzy Osbourne ya no está entre nosotros, hace semanas el músico de Birmingham se fue de este mundo luego de una vida que tuvo excesos y genialidades asombrosas dejando un legado imposible de borrar o de olvidar. Aunque no es momento para lamentarse sobre los que no quieren ser llorados, en 1970 salía a la luz un disco que cambiaría la historia, por eso lo hemos elegido para el inicio de esta columna musical. Black Sabbath presenta su placa homónima y revoluciona totalmente el ambiente. ¡Qué años maravillosos! Conviviendo con el gran rock progresivo surgían las raíces del amado heavy metal.
Una mujer de negras vestiduras, conocida luego como la Black Lady se observa delante de una casona con árboles y vegetación en primeros planos, el molino de Mapledurham, la neblina de la mañana y utilizando el infrarrojo para la foto. La excelsa tipografía superior con el nombre de la agrupación marca la invitación a un encuentro con lo desconocido, así podemos describir la cubierta de la obra.
Allí, por 1997, antes de YouTube y Spotify, llegabas a la música que no conocías por amigos o yendo hasta la disquería y escuchando en la batea las obras que pedías para catar. De esa forma conocí a Judas Priest, Iron Maiden, Metallica, Lacrimosa, Edguy y Black Sabbath. Estando en segundo de liceo no importaban tanto los años de salida, para mí era como si todo eso hubiera sido editado recién. ¡Décadas enteras a mi disposición! Y en ese primer momento Black Sabbath quedó como una segunda opción. Tuvieron que pasar algunos años para que regresara a ellos, ya cuando se comprende que la música debe ser estudiada y escuchada no como fondo o acompañamiento, algo que es común en toda nuestra historia y en otras columnas hablaremos de ello, sucedió desde la música clásica hasta el pop moderno.
Cuando Black Sabbath llegó a mi vida de forma definitiva fue con el análisis que le dedico tanto a las sinfonías de Beethoven hasta lo más extremo del metal. Y este género, revolucionario, contestatario, con modismos, contradicciones, managers y mecenazgos que traen problemas de dinero de por medio, como de costumbre, se asentó en mi corazón. Ya no se iría jamás. Es imposible entrar en él de verdad y salir.
Aquellos muchachos de Inglaterra, que venían de barrios obreros y que deseaban algo más de su vida que solo trabajar en fábricas porque su deseo era ser artistas de verdad, personas que no querían ser alienadas por un sistema económico y social nos hablaron sobre el holocausto nuclear, marcaron una postura antibélica, claro que la psicodelia seguía, lo vemos en Sleeping Village que contiene cosillas de blues. Warning también tiene esos elementos y se transforma en sublime cuando Tommy Iommy toma las riendas. Behind the Wall of Sleep nos lleva a otra dimensión con un Ozzy que resalta. The Wizard, toma partes del jazz y Iommy la vuelve más pesada con sus riffs. Black Sabbath, el tema que le da nombre al disco, habla sobre un hombre que es amenazado por las entidades oscuras y no desea caer. Un tema que tiene muchas anécdotas que bordean con el ocultismo en boga en esa década y el mito que creó la propia banda.
No es la idea hacer un análisis pormenorizado de las obras. Hablaremos en estas columnas de los puntos esenciales y de los sentimientos que han surgido al escuchar discos. Ahora, con el deceso del vocalista original tan reciente, gran dolor para todos nosotros, les recomiendo, los insto, a volver a los orígenes y vivirlos una vez más o por vez primera.

