UTU: El largo camino de la universitarización de la formación técnica.

En 1942, siendo Presidente de la República (38-42), Alfredo Baldomir, creó a través de la Ley 10.225, la Universidad del Trabajo del Uruguay. Fue en un tiempo complejo marcado por el llamado “Golpe Bueno” que restableció los derechos constitucionales y donde se promulgó una nueva Constitución que cerró el periodo de la Dictadura de Terra. Tiempo donde la dinamización democrática, la vuelta del batllismo al poder y la política de sustitución de importaciones creada en los años 1930, impulsaron nuevas ideas y en la cual se asumió la necesidad de una formación técnica por parte del Estado con un rango de nivel superior en la estructura institucional del Estado.

El impulso central provino de José Francisco Arias López, un médico, político, escritor y director e impulsor de la formación técnica desde 1920 hasta 1948. Fue discípulo y continuador de una orientación de la formación técnica que ya en 1916 Figari había planteado y que buscaba superar una enseñanza reducida a actividades manuales sin componentes teóricos para un mundo de trabajo técnico de actividades meramente repetitivas y seriadas sin componentes creativos. El cambio normativo, expresaba la propia evolución de la Dirección General de la Enseñanza Industrial creada por Figari y que bajo la dirección posterior de Arias había desarrollado un vigoroso proceso de descentralización y regionalización institucional a través de la creación de escuelas industriales, agrarias especializadas y agrario-industriales. La industrialización sustitutiva en el Uruguay, no hubiera podido existir sin estos pequeños polos regionales de desarrollo técnico-educativo.

Con base en los organismos que para ese entonces la integraban, se creó la pomposamente llamada “Universidad del Trabajo del Uruguay”, destinada a la enseñanza cultural destinada a la elevación intelectual de los trabajadores, a su formación técnica y a la enseñanza completa de los conocimientos técnicos manuales e industriales, así como la enseñanza de las artes aplicadas y la actualización de los obreros. Incluso tenía como cometido la realización de los exámenes de aptitudes técnicas en el país. Increíblemente fue incluso un relativo antecesor de la Universidad Obrera de Perón de 1946, o de los impulsos de los organismos de formación técnica creados desde los 50 y 60 en la región al influjo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) pero sin la lógica tripartita que caracterizó a éstos –y que al tiempo los agotó en organismos prebendarios corporativos. Se estructuró bajo una gobernanza coherente con un director general nombrado por el Poder Ejecutivo y a la vez un Consejo Directivo compuesto por 10 miembros entre los cuales participaban representantes de diversos entes de enseñanza, la Universidad de la República, de organismos empresariales de la industria y el agro, de los docentes y del propio Poder Ejecutivo. Arias fue un eficiente organizador y administrador, pero también expresó sus miradas educativas de la formación técnica en su libro “Orientación y Organización de la Enseñanza en el Uruguay” en 1933 y que posteriormente ampliara en 1936 bajo el título de “Nueva Organización de la Enseñanza”, publicado en la ocasión en el cual se le designó por unanimidad de votos para integrar el Consejo Nacional de Enseñanza Secundaria, en representación del Consejo Superior de la Enseñanza Industrial del cual era su director general.

En dicho libro, Arias comprendía claramente el cambio que estaban asumiendo las tecnologías y los desafíos educativos en el mundo contemporáneo, al afirmar que “las nuevas técnicas exigen al hombre de labor, una mayor cultura para realizar más y mejor con menor esfuerzo, disminuyendo el número de horas de trabajo y aumentando en cambio el número de horas de estudio”. Pero al tiempo, advertía el retraso de los procesos educativos: “todavía se está distante de la aplicación de las nuevas técnicas de la docencia, y aún con exceso — en la enseñanza primaria y secundaria — se mantienen métodos y programas teorizantes que obligan a mayores esfuerzos de retención y comprensión, con inconvenientes y sin ventajas para la formación cerebral del niño y del joven”. Pero además, su mirada sobre los desequilibrios también se focalizaba en el nivel terciario, al afirmar que ”nuestras enseñanzas, en términos globales fueron establecidas, un poco sin método, transportando obras de medios distintos y de posibilidades muy diferentes, aumentando núcleos con fundamento en muchos casos; pero en otros, sin razonamiento de conveniencia o necesidad nacional e impersonal. Estos hechos se observan especialmente en el organismo universitario.” Su crítica a la enseñanza meramente teórica sin componentes práctica del nivel universitario era profunda y refería además a “cátedras y laboratorios nacidos pera satisfacer un pedido personal, o creados copiando del exterior lo superficial pero no lo profundo”.

Aunque en ningún momento de sus obras planteó la oferta técnica en el nivel terciario por parte de la Dirección General de Enseñanza Industrial, sino que ella estaba focalizada en el nivel primario y secundario, el caso es que su enfoque era transversal y por ende no se limitaba a esos niveles.

En este sentido, tal vez lo más distintivo de la creación de la Universidad del Trabajo del Uruguay (UTU), fue su propia denominación. La norma no limitó su oferta al nivel primario, secundario o terciario, permitiendo por ende ofertar en todos los niveles. La UTU en este sentido implicó un cambio de paradigma respecto a la formación técnica vista como una enseñanza de nivel inferior. Sin embargo, no fue hasta 1962, cuando la UTU comenzó a ofertar una educación técnica de nivel terciaria, y empezó el largo camino de efectivamente conformarse como una institución terciaria. Desde el año 2000, la oferta terciaria de la UTU comenzó a crecer fuertemente. En el 2012, Mujica propuso que dicho sector se transformara en una Universidad, y no meramente a nivel del nombre, sino autonomizándola de la ANEP y otorgándole las capacidades de ofertar formación tecnológica y técnica universitaria.

Más allá del fracaso de esta iniciativa, pero que dio lugar a la UTEC, el crecimiento de la UTU en el sector terciario ha continuado en forma muy importante y para el año 2022 alcanzó a 15.162 estudiantes. Probablemente sea un número menor ante la increíble realidad de que se cuentan no estudiantes sino inscripciones, pero estos guarismos representan aproximadamente el 15% de la matrícula total de la UTU. (El resto 33% son de nivel de primaria y 49% de nivel secundaria). Estamos frente a uno de los procesos de diferenciación de la educación superior más importantes en los últimos años y que deberá continuar y reforzarse con estándares y protocolos realmente del nivel superior. Pero la realidad es que la UTU es cada vez más una institución de educación superior y hoy es la tercera universidad del país luego de la Udelar y del Consejo de Formación en Educación.

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