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Cuba le otorgó uno de sus principales premios 

Carilda Oliver y la escritura al deseo sin pedir permiso

Carilda Oliver Labra, escritora cubana que dejó una huella significativa en la literatura de la isla y en la poesía en español en general.

Carilda Oliver Labra, escritora cubana
Carilda Oliver Labra, escritora cubana

En 1950, cuando Carilda Oliver Labra recibió el Premio Nacional de Poesía por «Al sur de mi garganta», la crítica literaria cubana celebró la aparición de una voz femenina que abordaba el deseo sin los eufemismos habituales en la poesía escrita por mujeres. Se defendió contra quienes trataban de criticarla y encasillar poesía, afirmando ella que “no es puramente erótica”, y reconociendo que sí presenta “cierto desenfado formal”. Sin dudas una sensualidad que la sociedad cubana de la época no estaba acostumbrada a escuchar en voz de una mujer de clase media-alta.

Nacida el 6 de julio de 1922 Oliver perteneció a una generación de escritores cubanos que vivió en carne propia la transformación radical del país. Dada su trayectoria, se convirtió en una figura icónica en la literatura cubana y una de las voces más influyentes en la poesía lírica contemporánea. Para escritores cubanos, la obra de Carilda ha experimentado todos los registros y cuenta con un verso libre extraordinario. Una escritora que llevó su vida con franqueza y espontaneidad; que, aunque intentó ser autocrítica, nunca intentó ser otra mujer. Carilda se mostró fiel a sus ideales, a su identidad y a su poesía, sin importarle el qué dirán. «Preludio lírico», su primer poemario, apareció en 1943 financiado por su padre, Pedro Oliver. El libro recogía textos escritos entre 1939 y 1942 y, según la propia autora reconocería después, no reflejaba aún la personalidad que caracterizaría su obra madura. 

Oliver perteneció a una generación de escritores cubanos que vivió en carne propia la transformación radical del país
Oliver perteneció a una generación de escritores cubanos que vivió en carne propia la transformación radical del país

En 1949 con «Al sur de mi garganta» obtuvo el segundo lugar en el Concurso Internacional de Poesía convocado por la National Broadcasting Company de Nueva York. Simultáneamente, ganó la Flor Natural en los Juegos Florales de Cárdenas, certamen organizado por el Ministerio de Educación para conmemorar el centenario de la bandera cubana. Al año siguiente, el mismo ministerio le concedió el Premio Nacional de Poesía.

Asimismo en 1951, el Ateneo Americano de Washington le otorgó el Premio Nacional del Certamen Hispanoamericano con motivo del tricentenario de Sor Juana Inés de la Cruz. Ese mismo año recibió el accésit al Premio Nacional Hernández Catá por su cuento «La modelo». También fue incluida en la antología «Cincuenta años de poesía cubana», de Cintio Vitier. Y en «Las mejores poesías de amor cubanas», publicada por la Editorial Laurel de Barcelona. 

La artista era una de las pocas que hacía sonetos, silvas, redondillas, cuartetas, décimas y además de su verso libre. Lo cual apunta a una característica central de su poesía, la convivencia de formas clásicas con una exploración temática que, en el contexto cubano de la época, resultaba novedosa. Como por ejemplo podemos citar poemas como «Me desordeno, amor, me desordeno» utilizan el soneto, una de las estructuras más rígidas de la tradición hispánica, para hablar del deseo femenino sin mediaciones. «Me desordeno, amor, me desordeno / cuando voy en tu boca, demorada / y casi sin por qué, casi por nada / te toco con la punta de mi seno».

 Recibió múltiples premios a nivel nacional e internacional
Recibió múltiples premios a nivel nacional e internacional

El erotismo en Oliver se caracteriza por la ausencia de culpa, así lo muestra en «Anoche». «Anoche me acosté con un hombre y su sombra. / Las constelaciones nada saben del caso». Teniendo en cuenta esto la crítica ha identificado en su poesía influencias del neorromanticismo español, del surrealismo y del coloquialismo cubano. Sin embargo, los ejemplos concretos de influencia surrealista en su obra son escasos y están dispersos. 

El triunfo de la Revolución Cubana en 1959 encontró a Oliver en una posición que estaría ya consolidada. En ese entonces tenía 37 años, y ya contaba con una obra reconocida y vínculos con el mundo cultural que pronto se configuraría bajo nuevas reglas. Esos primeros años de la Revolución transformaron el panorama literario. El tono intimista que había predominado en las décadas anteriores resultaba, para los nuevos tiempos, insuficiente. Incluso la poesía social de protesta, cultivada en los años cincuenta, se volvió impropia en un nuevo contexto. En ese entonces, la poesía de Oliver presentaba el problema de que su obra no encajaba en los moldes del realismo socialista ni en la poesía testimonial que comenzaba a cultivarse. Sin embargo, a diferencia de otros escritores que optaron por el exilio o fueron marginados, ella encontró un lugar en las nuevas estructuras culturales.

Carilda Oliver y el comandante de la Revolución Cubana  Fidel Castro Ruz
Carilda Oliver y el comandante de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz

Participó en la Campaña Nacional de Alfabetización, ejerció como profesora de Artes Plásticas en escuelas secundarias y ocupó cargos administrativos. Uno de los momentos más difíciles en la vida de Oliver es su producción durante los años noventa,. Donde Cuba enfrentó la crisis económica conocida como Periodo Especial tras la caída de la Unión Soviética. Mientras el país atravesaba escasez de alimentos, apagones y una crisis humanitaria, Oliver continuó publicando y recibiendo reconocimientos.

En 1990 se presentó en Matanzas la segunda edición de «Al sur de mi garganta». En 1997 publicó «Discurso de Eva» y «Con tinta de ayer». Ese mismo año recibió el Premio Nacional de Literatura de Cuba. En 2008 obtuvo la Orden Félix Varela de Primer Grado y el Premio Nacional de Edición. En 2011, la Medalla Alejo Carpentier. Dado el contexto, sus libros mantuvieron la línea amorosa y erótica que la había caracterizado desde los años cuarenta. 

Cuba le otorgó uno de sus principales premios  entre ellos el Premio Nacional de Literatura, la Orden Félix Varela de Primer Grado y la Medalla Alejo Carpentier. Fue invitada por Fidel Castro a la recepción ofrecida a Gabriel García Márquez con motivo de sus 70 años. Un gesto de alta visibilidad política. Carilda Oliver Labra falleció en Matanzas el 29 de agosto de 2018, a los 94 años. Su legado, marcado por la libertad creadora y la coherencia entre su vida y su obra, permanece como testimonio de una poeta que hizo de la escritura un acto de afirmación personal.

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