La mañana del viernes 15 de agosto tuvo un brillo especial en la residencia del embajador de la República Popular China, Huang Yazhong. Las puertas se abrieron para recibir a los alumnos de segundo y tercer grado de la Escuela Nº 319 de Casavalle, que lleva el nombre de este país.
Con sonrisas amplias y miradas curiosas, los niños llegaron acompañados por su directora, Laura Álvez, y parte del equipo docente. El recorrido por la residencia fue el primer paso de una jornada que combinó cultura, arte y afecto. Hubo espacio para palabras de bienvenida, intercambio de obsequios y una presentación especial donde los más pequeños recitaron un poema y entonaron una canción en mandarín, gesto que conmovió a los presentes. También se cantaron los himnos de China y Uruguay.
Después, se sumergieron en actividades como la pintura en acuarela, la caligrafía china y una demostración de kung-fu, que despertó la admiración de grandes y chicos.
“Sembrar semillas de amistad”
En diálogo con Diario La R, el embajador Huang Yazhong destacó que la relación entre ambos países se nutre no solo de cooperación económica, sino también de vínculos humanos profundos. “China y Uruguay son países muy hermanos y nuestras cooperaciones se desarrollan muy felizmente en todos los sentidos. Incluso el intercambio humano es muy importante. Desde niño queremos sembrar estas semillas de amistad para conocer la cultura de la otra parte”, expresó.
Recordó que la Escuela República Popular China lleva ese nombre desde hace dos décadas y que su país contribuyó a su reconstrucción. “Nuestra amistad sigue manteniéndose. Cada año mis colegas y yo visitamos la escuela para festejar, recibir nuevos alumnos o despedir graduados. Es una amistad generación por generación, es muy lindo”, afirmó.
Una experiencia que no se olvida
Para la directora Laura Álvez, la visita marcó un antes y un después para los estudiantes, identificando que, para los alumnos, este tipo de actividades son experiencias que “no se van a olvidar nunca”. A su vez, aseguró que es la primera generación que conoce el espacio y recordó que algunos ya graduados, tuvieron la oportunidad de viajar al país asiático. “Hoy se les abre una puerta muy importante y ellos son como pequeñas esponjas, lo absorben todo”. Agradeció la labor de la embajada en la planificación del evento el cual llevó más de un mes de coordinación lo cual generó grandes expectativas en los alumnos.
La docente subrayó que, aunque aún no cuentan con profesores nativos en los primeros grados, las maestras se forman en el Instituto Confucio para enseñar chino mandarín. “Que ellos quieran seguir estudiando, que lleguen más lejos de lo que la simple educación uruguaya les puede dar. Así será”, aseguró.
Sobre el vinculo entre Uruguay y China aun existen personas que no conoce este tipo de vínculos, pero ello no quita la importancia “tanto en un factor económico como también en un factor cultural y a nivel estudiantil. China es un mercado que cada vez se expande más y está buenísimo que las y los chiquilines descubran que hay algo más, que hay puertas más allá de Casavalle.
El idioma ya no es una barrera
Por su parte, el maestro Daniel Celiutti, quien acompañó la actividad, resaltó la ilusión con la que los niños vivieron el encuentro: “Pensaban que iban a la embajada de China, entonces era como viajar a otro territorio. Igual sienten que están en China estando el embajador aquí. Son los primeros de la escuela que tienen la posibilidad de estar en una reunión con él”.
Consideró que gracias a los avances en tecnología y la apertura internacional, los más jóvenes tienen “muy asimilado el tema de aprender chino”, considerando que, “no es una dificultad, ni lo ven como una barrera. Al contrario, son muy abierto”. En su caso, pese a que no conocía el idioma, se animó a enseñar junto a sus alumnos una canción en mandarín. “Gracias a la tecnología y a estas posibilidades que tenemos, se logró cantarla lo mejor posible”.
Un puente cultural que crece
La jornada contó también con la presencia de la directora general para Asuntos de Integración y MERCOSUR, embajadora Paola Repetto, quien resaltó la singularidad de la iniciativa: “No todas las embajadas hacen y festejan el Día del Niño. De esta manera, visualizamos lo que es China realmente para Uruguay, el acercamiento hacia la Escuela Popular China, lo que significa para estos niños tener la oportunidad de visitar una embajada, de conocer más sobre la cultura de la escuela a la que asisten todos los días. Y eso es una simbología simplemente de lo que es China para toda la cultura y para lo que muestra y para lo que significa para todos los niños”.
Entre pinceles, risas y canciones, la residencia del embajador se transformó por unas horas en un espacio de descubrimiento mutuo. Para los niños, fue la oportunidad de acercarse a un mundo nuevo; para los adultos, la certeza de que la amistad entre pueblos también se cultiva desde la infancia.




