Las personas con asma, alergias o enfermedades pulmonares tienen mayor probabilidad de sufrir broncoespasmos, al igual que los niños pequeños y los mayores de 65 años. Los espasmos en sí no son contagiosos, aunque algunos virus y bacterias que los desencadenan sí pueden transmitirse. Los broncoespasmos pueden ser causados por afecciones respiratorias como asma o bronquitis, así como por medicamentos o irritantes.
Entre las causas frecuentes se encuentran el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el enfisema, la bronquitis crónica, las infecciones pulmonares virales, bacterianas y fúngicas, el tabaquismo, la contaminación del aire o el humo, los alérgenos ambientales como la caspa de mascotas, el polen, el moho y el polvo, algunos aditivos alimentarios y químicos, los vapores de productos de limpieza y de la industria, el clima frío, la anestesia general, el ejercicio, los anticoagulantes, los medicamentos para la presión arterial, los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los antibióticos.

La ciencia aún no ha determinado por qué el ejercicio induce broncoespasmos en algunas personas. Tradicionalmente se consideraba un síntoma de asma, sin embargo varias investigaciones cuestionan esta afirmación. Especialistas manifiestan mediante estudios que los broncoespasmos inducidos por ejercicio parecen ser una afección independiente del asma. Ese mismo estudio los asoció con varios tipos de rinitis atópica.
Respecto a los cigarrillos electrónicos, se ha demostrado que la nicotina estimula el nervio principal de los pulmones y desencadena la contracción muscular. Otro estudio halló que una sola inhalación de un cigarrillo electrónico con 12 mg/ml de nicotina fue suficiente para producir broncoespasmos en conejillos de indias. También algunos químicos presentes en broncodilatadores pueden causar broncoespasmos, aunque esto es raro.
Los síntomas comunes del broncoespasmo incluyen dolor, tensión u opresión en el pecho y la espalda, dificultad para respirar o para obtener suficiente aire, sibilancias o silbido al respirar, tos, cansancio o agotamiento sin causa aparente, y mareos. La gravedad de los síntomas es directamente proporcional al grado de estrechamiento de las vías respiratorias.
En casos graves o complejos, un neumólogo puede confirmar el diagnóstico. El profesional suele preguntar por antecedentes de enfermedades pulmonares y alergias, y luego ausculta los pulmones con estetoscopio. Dependiendo de la gravedad y la sospecha clínica, se pueden realizar pruebas como la espirometría, la difusión pulmonar y las pruebas de volumen pulmonar, en las que el paciente inhala y exhala con fuerza a través de un tubo conectado a una computadora.
También se utilizan la oximetría de pulso, la gasometría arterial, las radiografías de tórax y la tomografía computarizada para descartar infecciones u otras afecciones pulmonares. Para determinar si el broncoespasmo es inducido por ejercicio, el médico puede recomendar una prueba de hiperventilación voluntaria eucápnica. Aquí el paciente inhala una mezcla de oxígeno y dióxido de carbono para observar cambios en la función pulmonar.
Se debe buscar atención médica inmediata ante broncoespasmos graves, constantes o preocupantes. Si el flujo de aire está extremadamente afectado, hay que acudir a urgencias. Otras razones para consultar incluyen espasmos muy dolorosos, que interfieran con las actividades diarias, que causen mareos, que aparezcan tras inhalar un alérgeno. También que ocurran sin causa aparente, que empeoren o solo aparezcan durante el ejercicio. Además de tos con mucosidad oscura o descolorida, fiebre superior a 37,7 °C (100 °F). Y dificultad significativa para respirar. En la mayoría de los casos, el médico prescribe broncodilatadores, medicamentos que ensanchan las vías respiratorias y aumentan el flujo de aire.

