Bajo el título “Color, Polifonía y Surrealismo: Arte Contemporáneo Uruguayo”, se inauguró en Beijing una ambiciosa exposición que reúne la obra de más de una docena de referentes plásticos y visuales de Uruguay representando un puente cultural entre ambas naciones. Y articulando el diálogo Sur-Global a través de la experimentación estética y la memoria colectiva.
Organizada institucionalmente por la Embajada de la República Oriental del Uruguay en China y el Centro de Arte Contemporáneo del Nuevo Milenio de Beijing, la exhibición propone una inmersión en la sensibilidad artística uruguaya bajo la curaduría general de Zhang Siyong, Director del Uruguay Art Center, quien dialogó con Diario La R. En dicha conversación, planteó un recorrido donde conviven la tradición, la vanguardia, el sincretismo latinoamericano y la impronta global.
Indagar en los orígenes de este proyecto exige comprender qué motiva a los gestores culturales chinos a visibilizar con tanta fuerza el arte uruguayo, un proceso que, según relata el propio Zhang Siyong, no responde a una búsqueda forzada de oportunidades, sino a un encuentro orgánico donde las circunstancias y el dinamismo confluyeron gracias a que la parte uruguaya, a través de su representación diplomática, siempre ha promovido con enorme convicción la cultura de su país.
Dos visiones
A pesar de ser un país geográficamente pequeño en Sudamérica, Uruguay se destaca por impulsar de manera sobresaliente el arte y las muestras visuales en el escenario internacional, y los artistas uruguayos pronto supieron de la existencia de este espacio y de la figura de su curador en Beijing, encontrando un canal idóneo para concretar conversaciones y colaboraciones que no habrían sido posibles sin el respaldo constante de la Embajada y de la red de consulados uruguayos en territorio chino.
Tras consolidar su trabajo durante tres años en el reconocido centro artístico 798 -un espacio que, si bien es de gran relevancia y cuenta con una enorme afluencia de público, presentaba limitaciones de dimensiones y un carácter excesivamente comercial-, Zhang Siyong decidió trasladar la propuesta a un nuevo emplazamiento en el distrito de Shunyi.
Este cambio responde a una estrategia muy meditada de trabajo curatorial, ya que al estar ubicado cerca del aeropuerto internacional y rodeado de estudios de numerosos artistas y creadores chinos y extranjeros que residen en la zona, Shun Yi se ha transformado en un área clave para el intercambio internacional que permite recibir a un público más especializado en un entorno más amplio, limpio y dotado de mejores facilidades logísticas y de depósito, fomentando un diálogo artístico profundo y libre de las presiones comerciales del centro urbano.
El trayecto que siguen las obras hasta llegar a las salas de exhibición responde a un método riguroso donde cada artista uruguayo llega individualmente a China para realizar una exposición personal en el espacio que se gestionaba en el distrito 798, permitiendo que el público y los círculos artísticos locales comiencen a familiarizarse con su poética antes de que estas piezas se colecten, se combinen y se estructuren en exposiciones colectivas de gran envergadura que iniciaron su recorrido en el Museo Provincial de Arte de Jiangxi para proyectarse hacia Beijing y otras provincias del vasto territorio chino.
El curador subraya cómo Uruguay, descrito a menudo como un territorio de rica impronta cultural, cuna del tango, del candombe y de una arquitectura singular entre el Art Nouveau y el Art Deco. La cual logra dialogar con el público chino a través de una cuidada selección de creadores que abarca distintas generaciones, lenguajes y soportes que reflejan la vitalidad de la escena contemporánea. La nómina de artistas expositores incluye a Bruno Sfeir, Federico Arnaud, Pedro Peralta, Juan Manuel Rodriguez, Ricardo Lanzarini, Carlos Presto, Cindy, Inés Agresta, Gastón Chavat, Flavio Tosi Monzón, Gabriela Riero, Dani Umpi y Patricia Bentancur.
Las piezas expuestas transitan desde la revisión histórica hasta la abstracción geométrica y la exploración multimedia, destacando las obras de Bruno Sfeir al explorar la hibridación cultural y los traumas coloniales a través de una antropología visual en el lienzo, mientras Pedro Peralta reinterpreta los mitos nacionales y universales mediante escenas fantásticas cargadas de reminiscencias renacentistas y barrocas. Por su parte, creadores como Dani Umpi y Gastón Chavat abordan la cultura pop, la literatura y la conciencia ecológica desde ópticas disruptivas, al tiempo que Carlos Presto fusiona el arte óptico u Op Art con el análisis matemático y la proporción áurea, complementados por la fotografía de Flavio Tosi Monzón y las exploraciones matéricas de Inés Agresta, quien trabaja con bordados y textiles como rituales de memoria en un mosaico donde la identidad local dialoga sin complejos con las estéticas globales.
Diálogo a través del arte
En su reflexión sobre el alcance de su labor, el curador enfatiza que este recinto cultural no se limita a albergar exclusivamente el pulso creativo de Uruguay, sino que se ha consolidado con orgullo como un territorio abierto y plural que acoge la riqueza visual de toda América Latina.
Gracias al éxito resonante de las muestras iniciales, las embajadas de naciones hermanas como Cuba, Argentina, Paraguay, Colombia, Venezuela y Panamá han encontrado en este canal una plataforma idónea para proyectar el talento de sus propios creadores en perfecta sintonía.
Para Zhang Siyong, el arte posee una fuerza transformadora inigualable y totalmente autónoma, funcionando como un puente genuino que brota directamente de las comunidades y los públicos en lugar de depender exclusivamente de los andariveles de la política tradicional. A través de este entramado de exposiciones itinerantes por museos provinciales y bienales internacionales de gran prestigio, como las históricas citas en La Habana, Montevideo o Curitiba, las expresiones visuales se convierten en el vehículo más potente para que ciudadanos de latitudes tan distantes comparten una sensibilidad común, derrumben prejuicios geográficos y descubran que, más allá de las diferencias idiomáticas, los pueblos del mundo encuentran en la creación artística una trinchera común de entendimiento, empatía y fraternidad universal.
Con más de 25 años de trayectoria en el campo del arte y más de una década enfocado en el intercambio con América Latina, iniciado tras sus primeros viajes a Cuba junto a artistas chinos, Zhang Siyong destaca la singularidad y la fuerza visual del arte sudamericano, un universo estético que difiere notablemente de las corrientes tradicionales de Europa o Norteamérica.










