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El teatro en Cuba festeja su día cuando el calendario marca la fecha

El teatro, más que voz, LIBERTAD

No existe manifestación artística en Cuba, sin miedo a pecar por la absolutización, que su celebración conmemore una protesta; que, haciendo juicio a la historia, luego devino trifulca.

No existe manifestación artística en Cuba, sin miedo a pecar por la absolutización, que su celebración conmemore una protesta; que, haciendo juicio a la historia, luego devino trifulca. El teatro en Cuba festeja su día cuando el calendario marca la fecha, donde un grupo de actores decidieron no quedarse callados. Y es que, el escenario que pacte pertenecer al público porque a él se debe y de él se construye, se convierte en un cauce de constante osadía.

El año 1869 en Cuba dibujó en el horizonte de muchos el sueño de la independencia de la metrópoli española y el fin del colonialismo. Recién iniciaba la guerra mambisa más larga en la historia de la isla, y la región centro-oriental hervía en combates. Más al occidente, en La Habana, España ejercía presión y temía por cualquier estallido de insurrección. La situación no era distinta al resto de la nación: esclavitud y casi nula participación de los cubanos en la toma de decisiones. Los integristas colonialistas y el cuerpo de voluntarios pedían castigos severos ante cualquier atisbo de rebeldía.

El Teatro Villanueva, el tercero en categoría de la ciudad por aquel tiempo, presentaba en su sala desde hacía ya algunos meses la obra “Perro huevero, aunque le corten el hocico” del autor cubano Juan Francisco Valerio, sin ninguna complicación. Sin embargo, noches antes de la masacre se habían escuchado los gritos de ¡Viva Cuba Libre! Y ¡Viva Carlos Manuel de Céspedes!, este último fue el iniciador de las guerras independentistas, luego conocido como El Padre de la Patria. Hechos que, aunque no trascendieron, sí levantaron la sospecha del cuerpo de voluntarios del Ejército Español. La noche del día 22, las mujeres asistieron al teatro con cintas rojas y azules, los colores de la bandera, y los hombres con garabatos en señal de protesta; sin embargo, en el público también había muchos militares camuflajeados. A la novena estrofa de la obra que interpretaba esa ocasión el grupo Los Caricatos,

“Hay quien no tiene vergüenza, ni buena, ni mala, ni regular /

El que no diga conmigo ¡Viva la tierra que produce la caña!”

y el público estalló, esta fue la señal para que los militares intervinieran.

La Habana vivió 3 días de terror, con muertos, heridos y casi 50 detenidos.

Un siglo después, se instituye la Jornada por el Teatro Cubano, cada segunda quincena de enero, recordando el día donde los destinos de la escena y la nación se entrelazaron. Han pasado los años y “el arte de las tablas” continúa siendo expresión del sentir popular y la transformación social. El teatro sobrevive, muchas veces alabado, pero también incomprendido, vilipendiado y dueño de contradicciones; hoy existe una mirada muy crítica y profunda sobre el teatro que se está haciendo en el país.

“El teatro, cualquier teatro, se parece a su tiempo, y sabemos que cuando menos cosas hay, es cuando más hay que hacer”

Son las palabras de Rubén Darío Salazar actor y director de la agrupación de teatro infantil Teatro de las Estaciones, en un breve encuentro, donde junto a muchos otros actores, se discutió “lo que está puesto sobre la escena cubana” del siglo XXI, con los molinos que tiene que luchar…

“…cuando hay un traspiés o un problema, hay que saltarlo, porque es cuando el público más lo necesita”.

Rubén Darío hace muchos años trabaja para los niños, en más de una ocasión habla de su compromiso con las infancias que educa desde sus presentaciones:

“En el caso del teatro para niñas y niños, y de títeres, hay una generación formándose y tenemos una responsabilidad con esas infancias; para que se lleven lo mejor, en tiempo en los que las dinámicas van arrasando sin pensar en identidades, ni en la nacionalidad de un país”.

Precisamente esta forma de comprometerse con sus principales espectadores, lo han hecho ser merecedor durante veinte años de los Premios Villanueva de la Crítica. Este 2026 su espectáculo “Un rastro entre las estrellas” fue agasajado con la importante distinción y según el jurado: entrelaza versos y metáforas con la tradición lírica de José Martí y Dora Alonso. La dramaturgia convierte la poesía en voz de personajes y atmósferas, creando un tejido estético de gran fuerza teatral y musicalidad.

Justo al final, sentencia:

“Un Villanueva no es dormirse en los laureles, sino despertar los laureles del teatro del hoy y del mañana”.

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