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Para Augusto Miguel Álvarez y Elvira Espinoza, dueños de La Embajada, la panadería y pastelería venezolana ubicada en Rincón y Ciudadela, el camino comenzó mucho antes de encender el primer horno en Uruguay.

La Embajada: un rincón de Venezuela en la Ciudad Vieja

Trabajo, comunidad y agradecimiento son los pilares de un proyecto que creció “bandeja a bandeja” y hoy califica con 5 estrellas en diferentes plataformas.

La Embajada: un rincón de Venezuela en la Ciudad Vieja
La Embajada: un rincón de Venezuela en la Ciudad Vieja

Para Augusto Miguel Álvarez y Elvira Espinoza, dueños de La Embajada, la panadería y pastelería venezolana ubicada en Rincón y Ciudadela, el camino comenzó mucho antes de encender el primer horno en Uruguay. La decisión de emigrar fue, como en miles de historias, un acto de necesidad y esperanza, pero también de disciplina y visión.

En entrevista con Diario La R, Augusto recuerda que llegó a Uruguay junto a su hijo mayor en octubre de 2019. La decisión fue tomada con cautela. El motivo: “la situación en Venezuela, que desanima tanto a profesionales como a la población en general”. Militar de la Guardia Nacional durante 20 años y licenciado en Educación Integral, tenía su título revalidado por la Universidad de la República, aunque nunca llegó a dedicarse de lleno a la enseñanza, más allá de las clases particulares de matemáticas y castellano que siempre disfrutó dar.

Su esposa Elvira —licenciada en Administración de Empresas— y sus hijas tuvieron que esperar un poco más para viajar. “Cuando se cerraron las fronteras por la pandemia, quedó todo trancado”. Agradecido con la Cancillería de Uruguay por haber colaborado en permisos y gestiones para reunir a la familia, Augusto asegura que “hay instituciones que de verdad funcionan”. Finalmente, en febrero de 2021, la familia se reencontró en Montevideo.

Un emprendimiento amasado con paciencia

La historia de La Embajada comenzó en la cocina del hogar. “En marzo de 2021 empezamos en el hornito de la casa. Solo entraban unas catalinas (galletitas esponjosas), unas 12 por tanda”, recuerda Augusto. Elvira complementa: “Vendíamos tequeños en los trabajos, los compañeros siempre nos hacían pedidos y nos compraban”.

Con cada mes fueron sumando un equipo: primero un horno más grande, luego uno turbinado y una amasadora que cambió el ritmo por completo. La producción llegó a multiplicarse por diez. De poder hornear 12 catalinas, pasaron a una producción de 120 en tan solo 10 minutos.

Recuerdan que hasta 2023 mantuvieron un doble esfuerzo. Por un lado, el empleo fijo de día y por el otro, el emprendimiento nocturno, un ritmo que, admiten, solo se sostiene con convicción y objetivos claros.

La oportunidad del local llegó por Instagram, cuando vieron la venta de la llave del negocio de un compatriota. “Nos daba miedo Ciudad Vieja, pensábamos que era lejos para que viniera gente”, admite Elvira. Sin embargo, decidieron intentarlo. Tras gestiones bancarias y aprovechando un buen historial crediticio, obtuvieron el préstamo que les permitió dar el salto.

Uno de los grandes beneficios con los cuales venía el local, fue su ubicación: enfrente a la Embajada de Venezuela, lo cual, les facilitaría la promoción entre los venezolanos radicados en Uruguay y aquellos que vienen de países vecinos exclusivamente a realizar trámites en dicha embajada.  

Sobre los trámites previos a la apertura, Augusto destaca que “bomberos fue rapidísimo” y que la parte más compleja fue la habilitación por estar en zona patrimonial: “Ciudad Vieja tiene requisitos especiales, pero son comprensibles”.

Por otro lado, ambos relatan que los primeros meses no fueron sencillos.  En el caso de Augusto, “trabajaba de noche y de día en La Embajada. Dormía tres o cuatro horas. Pero con mi sueldo cubría los gastos para que el negocio arrancara”. Mientras tanto, semanas previas a la apertura, Elvira renuncia a su trabajo para dedicarse tiempo completo al nuevo proyecto y su familia.

Finalmente, abrieron el 11 de octubre de 2023. La primera semana fue alentadora, pero los sábados estaban vacíos. “El primer sábado vendimos ocho empanadas; el segundo, dos”, recuerda Elvira entre risas. Hoy, cuentan, que, gracias al apoyo del público, amigos, influencers y el trabajo en redes sociales, “el sábado es el día que estamos a reventar”. La motivación fue que “el venezolano tiene que saber que hay un lugar donde va a comer empanada un sábado temprano”.

 

La carta venezolana que enamoró paladares

La Embajada ofrece un menú amplio y adaptado a diversos paladares. Elvira es quien define sabores y rellenos. “A los uruguayos les encantan los cachitos”, dice. Ese pancito horneado —similar al croissant pero sin hojaldre— se convirtió en un éxito. Los hay de jamón y queso, panceta, ricotta con espinaca y un infaltable de cuatro quesos: “Ese lo diseñamos pensando en el público de Uruguay. Tiene una fusión de varios quesos, entre ellos el azul, y eso les gusta a todos. Resultó en el clavo”, cuenta Augusto.

Los tequeños, en cambio, son dominio absoluto del público local: “El 80% de la venta de tequeños es uruguayo”, asegura.

Para quienes extrañan su país, hay una recomendación infalible: “La empanada de pabellón te transporta. La gente llora cuando la prueba”, confiesa Elvira. Muchos venezolanos que llegan desde provincias argentinas o chilenas —donde la gastronomía venezolana es menos común— se emocionan al reencontrarse con esos sabores tan arraigados en su identidad.

La carta también suma empanadas especiales, como la de almejas, camarón y merluza, y la de camarón con queso, creaciones propias de la casa.

El equipo está integrado por seis personas, incluido el hijo mayor del matrimonio. “Yo controlo toda la panadería arriba”, dice Augusto, mientras Elvira continúa en cocina y atención al público: “Sigo metiéndome en la cocina, soy la que prueba todo”.

La calidad y la constancia rindieron frutos: La Embajada se posicionó entre los restaurantes mejor valorados del país. “Siempre entre 4.9 y 5.0 en Google y PedidosYa”, destacan con orgullo.

 

Comunidad, identidad y un futuro en expansión

La relación con la comunidad venezolana y local es parte del ADN del negocio. Lejos de ver competencia, ven colegas. “Cada uno tiene su toque”, dice Elvira. Augusto resume su estrategia en dos conceptos: “Variedad y calidad, como punto diferenciador”.

El balance tras un año y medio de trabajo intenso es más que positivo. “Estamos en pleno crecimiento. Si pensamos que ya tenemos la estructura definitiva, nos vamos a quedar cortos”, reflexiona Augusto. Acaban de incorporar una línea de arepas especializadas, una apuesta que, dicen, tiene gran potencial en el público uruguayo.

También proyectan ampliar el menú dulce, incorporar productos para eventos y —a mediano plazo— sumar un segundo local. “No queremos correr, pero sí crecer bien”, agrega Elvira, quien insiste en que la clave fue siempre la misma: “Tarda, pero es seguro. Todo lleva su tiempo, pero los resultados llegan”.

La Embajada es una oportunidad para acercarse a los sabores venezolanos, elaborados con dedicación, trabajo y un profundo compromiso por llevar a cada comensal lo mejor de su tierra y de su historia.

Abierto los lunes de 8:00 a 17:00; martes a sábados de 8:00 a 22:00; y domingos de 9:00 a 14:00 en Rincón 748 esquina Ciudadela, Ciudad Vieja.

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