8M | Día Internacional de la Mujer

Victoria Vera: feminismo, militancia y la apuesta por “unir en vez de dividir” en el 8M

La dirigente del Partido Nacional repasa sus inicios políticos, el liderazgo que la inspiró desde joven y los desafíos que enfrentan las mujeres dentro de la política. Defiende un feminismo de consensos y cuestiona la conducción actual de algunas marchas del 8 de marzo.

Victoria Vera, dirigente del Partido Nacional

En el marco de un nuevo Día Internacional de la Mujer, la dirigente nacionalista Victoria Vera reflexiona sobre el lugar de las mujeres en la política uruguaya, su trayectoria dentro del Partido Nacional y los debates que atraviesan hoy al movimiento feminista. En entrevista con Diario La R, la militante blanca —convencional del partido y activa participante del Directorio— analiza el rol femenino en una estructura históricamente dominada por liderazgos masculinos, reivindica el legado de dirigentes como Beatriz Argimón y plantea una mirada crítica sobre la conducción actual de algunas movilizaciones del 8 de marzo. Para Vera, el desafío central es ampliar la causa feminista, sumar consensos y promover una participación política que supere las divisiones partidarias.

Vera, además de su rol como asesora del dirigente nacionalista Pablo Abdala, participa activamente en el Directorio del partido como suplente del intendente de Florida, Carlos Enciso, y promueve la construcción de un nuevo espacio político denominado “Ganas”.

 

Una vocación política que nació en la adolescencia

La relación de Victoria Vera con la política comenzó a una edad temprana. Según recuerda, su interés por el Partido Nacional surgió cuando todavía era adolescente, influida por la figura del expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera. Aquella admiración inicial, explica, estuvo asociada a la idea de un gobierno reformista y moderno que impulsó transformaciones profundas en el Uruguay de la década de 1990.

Para Vera, ese período representó una etapa de reformas orientadas a modernizar el Estado y adaptar el país a nuevas realidades económicas y administrativas. Entre los ejemplos que menciona figuran iniciativas como la Ley de Puertos y los procesos de reforma del Estado, políticas que —a su juicio— marcaron un antes y un después en la gestión pública.

Ese espíritu reformista y la concepción del servicio público fueron determinantes en su vocación política. “Primero está el país, después el partido y después nosotros”, resume, señalando que esa lógica de servicio es una de las tradiciones que más valora dentro del nacionalismo.

 

El inicio de la militancia y el vínculo con Argimón

La dirigente comenzó su militancia formal a los 15 años, de la mano de la exvicepresidenta de la República, Beatriz Argimón. Su primera experiencia política se dio en la estructura juvenil del partido, durante las elecciones internas de jóvenes que se realizaron a fines de la década del 2000.

A diferencia de muchos dirigentes, Vera no proviene de una familia militante. Según relata, su entorno familiar tenía simpatías políticas diversas —desde votantes colorados hasta apoyos ocasionales al Frente Amplio—, pero la decisión de involucrarse activamente en la política fue personal.

“En mi casa se hablaba mucho de política, pero nadie militaba”, recuerda. La sorpresa inicial de su familia ante su decisión se transformó luego en respaldo a su participación.

Ese primer contacto con la actividad partidaria explica, fue decisivo para comprender la dinámica interna del partido y comenzar a construir vínculos políticos que marcarían su carrera.

Mujeres en un partido con historia

El Partido Nacional es uno de los partidos políticos más antiguos de Uruguay, con casi dos siglos de historia. Sin embargo, como ocurre en muchas organizaciones políticas tradicionales, sus liderazgos han estado históricamente dominados por figuras masculinas.

Abrirse camino en ese contexto no fue sencillo, admite Vera. La dirigente señala que el proceso de inserción política para una mujer joven implica enfrentar prejuicios y resistencias, muchas veces naturalizadas dentro de las propias estructuras partidarias.

Según explica, incluso cuando no existe una intención explícita de excluir, persisten dinámicas culturales que dificultan el avance de las mujeres en cargos de liderazgo. “Te la hacen difícil muchas veces sin darse cuenta”, sostiene. Aun así, reconoce que el surgimiento de referentes femeninas ha contribuido a modificar gradualmente ese escenario.

 

Referentes femeninas dentro del nacionalismo

Entre las figuras que considera claves para la apertura del partido hacia una mayor participación femenina, Vera destaca especialmente a Argimón, a quien atribuye el mérito de haber abierto espacios políticos para otras mujeres.

También menciona a la exintendenta de Lavalleja, Adriana Peña como un ejemplo de liderazgo territorial fuerte dentro del partido. En su opinión, la trayectoria de Peña demuestra que las mujeres pueden construir liderazgos sólidos y con fuerte respaldo ciudadano.

Otra dirigente que recuerda como referencia es Elizabeth Arrieta, a quien destaca por su postura en debates legislativos complejos, entre ellos la aprobación de la Ley Integral para Personas Trans. Para Vera, gestos políticos de ese tipo generan “quiebres” dentro de los partidos y abren nuevas discusiones sobre derechos e inclusión.

Críticas al 8M y el debate por las consignas

Vera se define como feminista. Para ella, el feminismo es ante todo una causa vinculada a la equidad entre hombres y mujeres y al derecho de participar en igualdad de condiciones en todos los ámbitos de la vida pública.

En ese sentido, sostiene que la presencia femenina en espacios de decisión —ya sea en la política, en el Estado o en el sector privado— no solo es una cuestión de justicia, sino también de calidad institucional. “La participación de la mujer genera mejores resultados y además es un derecho. No es justo que nos cueste el doble llegar a los mismos lugares”, afirma.

Sin embargo, marca una distancia respecto a la conducción actual de algunas movilizaciones del 8 de marzo. A su juicio, la forma en que se han estructurado las consignas y el liderazgo del movimiento en los últimos años ha generado un clima de división que termina debilitando la causa feminista.

“Creo que está equivocada hoy la conducción de la Intersocial Feminista y del PIT-CNT, porque la causa feminista no puede excluir a nadie; tiene que ser para todos”, señala.

Según plantea, cuando las marchas incorporan consignas o discursos que excluyen a determinados sectores por su posición política, su lugar de trabajo o su pertenencia social, el movimiento pierde capacidad de convocatoria y legitimidad social. Vera sostiene que ese fenómeno provoca un efecto contraproducente: en lugar de sumar apoyos, genera rechazo.

“Cada vez que aparece una consigna o termina una marcha con determinados espectáculos, retrocedemos miles de personas que podrían estar defendiendo la causa”, advierte. Para la dirigente, en algunos casos se prioriza la visibilidad de determinados sectores por encima del objetivo central del feminismo.

Desde su perspectiva, el problema no es la movilización en sí misma —que considera necesaria—, sino el proceso de radicalización que, entiende, ha marcado algunas convocatorias en los últimos años. Vera recuerda que durante mucho tiempo el movimiento logró ampliar su base social y convocar marchas multitudinarias, algo que hoy, según su visión, se ha visto afectado.

 

La necesidad de recuperar consensos

Ante ese escenario, Vera plantea que el principal desafío es volver a colocar la causa feminista por encima de las consignas políticas coyunturales. En particular, cuestiona la inclusión de temas que —según su mirada— introducen divisiones innecesarias dentro del propio movimiento.

Como ejemplo menciona consignas que incorporan debates geopolíticos o ideológicos que no están directamente vinculados con la igualdad de género. “Si lo que buscamos es unir a todo el mundo bajo una misma bandera, no tiene sentido utilizar temas que dividen”, afirma.

Para la dirigente, el riesgo de esa estrategia es que una parte importante de las mujeres termine sintiéndose excluida de una movilización que debería representar a todas. “Prefieren quedarse con una bandera más chica pero propia, en lugar de construir una causa enorme y de todos”, sostiene.

Pese a esas diferencias, Vera asegura que no está dispuesta a abandonar la bandera feminista. Por el contrario, insiste en que la mejor manera de fortalecer el movimiento es ampliar su base social y generar espacios de diálogo. En esa línea, propone una estrategia basada en la construcción de consensos políticos y sociales, especialmente cuando se trata de impulsar reformas o leyes vinculadas a la igualdad de género.

Para Vera, la ampliación del movimiento feminista requiere precisamente construir puentes y evitar que la causa se convierta en un espacio de confrontación partidaria. De lo contrario, advierte, existe el riesgo de que parte de la sociedad —incluyendo a muchas mujeres y también a hombres— se aleje de una agenda que durante años logró avances significativos.

 

Nuevas generaciones

En el cierre de la entrevista, Vera dirige un mensaje a las mujeres jóvenes que sienten interés por la política. Según afirma, la sociedad uruguaya está hoy más preparada para aceptar liderazgos femeninos de lo que muchas veces creen los propios partidos. En su opinión, el desafío consiste en que las mujeres se animen a ocupar espacios de decisión sin cargar con estereotipos o expectativas tradicionales.

“La sociedad ya acepta a las mujeres en política”, sostiene. “Lo que tenemos que hacer es animarnos a ocupar esos lugares”. Con esa convicción, la dirigente nacionalista asegura que seguirá trabajando dentro del Partido Nacional para ampliar la participación femenina y fortalecer una agenda de igualdad que, a su entender, debe trascender las divisiones partidarias.

 

 

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