El cáncer de próstata es uno de los más frecuentes entre los hombres, y aunque no hay una estrategia comprobada para prevenirlo por completo, los profesionales de la salud coinciden en que adoptar un estilo de vida saludable puede ayudar a reducir las probabilidades de desarrollarlo. La mayoría de los estudios no han logrado establecer una relación causal directa entre un factor y la aparición del tumor, pero sí han identificado patrones que sugieren que ciertas decisiones cotidianas marcan la diferencia.
Uno de los aspectos más estudiados es la relación entre el peso corporal y el cáncer de próstata. Algunas investigaciones han encontrado que los hombres con obesidad presentan un mayor riesgo de desarrollar formas avanzadas o agresivas de la enfermedad. Por eso, mantener un índice de masa corporal dentro de los valores considerados saludables es una de las recomendaciones más repetidas por los especialistas. Esto implica reducir la ingesta calórica y aumentar la actividad física.
El ejercicio regular también aparece como un factor protector en la mayoría de los estudios. Las personas que realizan actividad física de manera constante tienden a tener menos riesgo de padecer cáncer de próstata en comparación con quienes llevan una vida sedentaria.

Los especialistas sugieren acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa, o una combinación de ambas. Además, el ejercicio contribuye a mantener un peso adecuado, mejora la salud cardiovascular y reduce el riesgo de otros tipos de cáncer.
En cuanto a la alimentación, la evidencia es menos concluyente, pero hay consenso en que una dieta rica en frutas, verduras y cereales integrales es beneficiosa. Se recomienda limitar el consumo de carnes rojas y procesadas, así como de alimentos muy procesados y bebidas azucaradas. Algunos estudios han sugerido que las dietas con alto contenido de lácteos y calcio podrían estar asociadas con un mayor riesgo, aunque los resultados no son uniformes. Por eso, los expertos aconsejan moderar el consumo de lácteos sin eliminarlos por completo, a menos que exista una indicación médica específica.
Existen también medicamentos que han sido evaluados para la prevención del cáncer de próstata. Los inhibidores de la 5-alfa reductasa, como la finasterida y la dutasterida, reducen la producción de dihidrotestosterona (DHT), una hormona que estimula el crecimiento de la próstata. En estudios extensos, estos fármacos lograron disminuir la incidencia de tumores de bajo grado, pero no mostraron beneficios claros sobre los de alto grado, que son los más agresivos.
Además, pueden causar efectos secundarios como disminución del deseo sexual, disfunción eréctil y crecimiento de tejido mamario. Estos medicamentos no están aprobados por la FDA para la prevención del cáncer de próstata, aunque los médicos pueden recetarlos en ciertos casos.
La aspirina también ha sido objeto de investigación. Algunos estudios sugieren que su uso diario podría reducir el riesgo de desarrollar y morir por cáncer de próstata. Sin embargo, el consumo prolongado de aspirina aumenta el riesgo de hemorragias digestivas, por lo que la mayoría de los médicos no la recomiendan únicamente con fines preventivos.
El tabaco es otro factor a considerar. Aunque no todos los estudios han encontrado una relación directa entre fumar y el cáncer de próstata, sí se ha observado que los fumadores diagnosticados tienen más probabilidades de sufrir recaídas o de que el cáncer se disemine.
Finalmente, los antecedentes familiares son un factor de riesgo que no se puede modificar. Los hombres con familiares directos que hayan tenido cáncer de próstata deben consultar con su médico para evaluar la conveniencia de estudios de detección temprana o, en casos de riesgo muy alto, de medidas preventivas adicionales.

