No hay dos gatos iguales, y esa singularidad tiene una explicación científica que combina la genética, la evolución y, en algunos casos, la selección humana. Aunque los colores y patrones del pelaje felino son numerosos, todo se reduce a dos pigmentos básicos que son la eumelanina y la feomelanina. La eumelanina produce tonos negros y marrones, mientras que la feomelanina genera colores rojizos, naranjas o amarillos.
En términos genéticos, los gatos solo pueden ser negros o rojos, el resto de los colores que observamos son el resultado de la ausencia, combinación o modificación de estos dos pigmentos. El gen de la dilución es uno de los responsables de esta variedad. Cuando actúa, transforma el negro en gris (azul) y el rojo en crema. De esta forma, un gato que genéticamente es negro puede presentar un pelaje grisáceo si porta este gen. De manera similar, el marrón, el chocolate o el canela son variantes de la eumelanina con una estructura ligeramente alterada.
Los gatos blancos, por su parte, son un caso especial. Su pelaje se debe a la ausencia total de células productoras de pigmento. Esta condición, sin embargo, no es solo estética,los gatos completamente blancos suelen presentar problemas de salud asociados, como sordera congénita o trastornos del equilibrio, debido a una degeneración del oído interno. Más allá del color, los patrones del pelaje añaden una capa adicional de complejidad. Los gatos domésticos presentan seis variedades principales de patrones: atigrado, liso, bicolor, tricolor (calicó), carey y colorpoint.

El patrón atigrado es el más común y el que se asemeja al pelaje del gato salvaje africano, el antepasado del gato doméstico. Las rayas y manchas no son solo un adorno: en la naturaleza, funcionan como camuflaje para protegerse de depredadores. Los gatos callejeros o asilvestrados suelen ser atigrados con mayor frecuencia que otros patrones, precisamente porque esta característica les ayuda a sobrevivir en el medio silvestre.
El patrón carey es una mezcla asimétrica de pelos negros y rojos, y la mayoría de los gatos que lo presentan son hembras. El calicó, por su parte, combina el blanco con manchas bien delimitadas de negro y naranja. Cuando un gato calicó también presenta rayas atigradas, se le denomina «caliby», una combinación de ambos patrones.
La genética del color en los gatos está ligada al cromosoma X. Los machos tienen un solo cromosoma X y uno Y; las hembras, dos X. Por esta razón, un macho solo puede heredar el color naranja o el negro, pero no ambos. Una hembra, en cambio, puede combinar ambos colores si hereda un gen para el naranja en uno de sus cromosomas X y un gen para el negro en el otro.
Esta es la razón por la que los gatos tricolores (carey o calicó) son casi exclusivamente hembras. Los machos tricolores existen, pero son una rareza genética que se produce por una mutación cromosómica. La longitud del pelaje es otro rasgo hereditario que define la apariencia del gato. Los gatos de pelo corto son los más comunes y suelen tener un manto liso, brillante y fácil de cuidar. Su pelaje está pegado al cuerpo y requiere un mantenimiento mínimo.
Los gatos de pelo largo, como los persas, pueden tener pelos de hasta 12,5 centímetros, lo que les da una apariencia esponjosa y majestuosa. Sin embargo, esta belleza exige un cepillado diario para evitar nudos y enredos dolorosos. La mayoría de los gatos tienen hasta tres capas de pelaje, una capa interna cálida, una intermedia aislante y pelos protectores. No todos los gatos tienen todas las capas, y esa variación determina la textura del manto.
El pelaje de los gatos ha generado mitos y creencias populares. Se dice que el color del pelaje influye en el carácter del gato, aunque los estudios científicos no han logrado establecer una relación concluyente. Sin embargo, lo que sí está demostrado es que el pelaje de los gatos atigrados, con sus rayas y manchas, se forma en las primeras etapas del desarrollo embrionario, mucho antes de que el pelo comience a crecer.

