Este 18 de marzo en Montevideo Music Box tenemos una cita impostergable con esta agrupación fundada en 1994 por el guitarrista Michael Romeo. Estamos ante uno de los exponentes más sólidos del metal progresivo con toques neoclásicos, sinfónicos y power.
Para comprender esta evolución musical conviene viajar a 1971, cuando Emerson, Lake & Palmer publicaron Tarkus. Allí encontramos una suite de más de veinte minutos con un nivel magistral de composición e interpretación. El rock progresivo consolidó una marca distintiva: composiciones extensas, estructuras ambiciosas y un virtuosismo que aún hoy sigue asombrando.
Durante la década de 1980 el progresivo perdió protagonismo dentro del rock tradicional. Debió transformarse, mutar y adaptarse a nuevas formas para sobrevivir. Pero el metal —con su inagotable capacidad de ramificarse en subgéneros— tomó ese legado y lo llevó a otro nivel. El metal progresivo recuperó la complejidad instrumental y la libertad estructural, proponiendo obras desafiantes tanto para los músicos como para los oyentes.
En ese terreno, Symphony X se mueve con autoridad. Claro que posee canciones de duración convencional, pero también retoma la senda épica de las grandes composiciones progresivas. Un ejemplo contundente es The Odyssey, una pieza de más de 24 minutos inspirada en La Odisea de Homero. Se trata de un portento musical y narrativo que demuestra, minuto a minuto, la magnitud compositiva de la banda. En tiempos dominados por la escucha fragmentada y las listas de reproducción inmediatas, obras de esta extensión nos obligan a detenernos. No son música de fondo: son viajes que exigen atención y entrega. Ese espíritu es uno de los pilares fundamentales del metal progresivo.
Si cambiamos de registro, Underworld, de casi seis minutos, ofrece un ritmo más directo y vertiginoso. La letra nos sumerge en un descenso oscuro, con imágenes de condena, degradación y lucha interior. La voz transmite arrepentimiento y conflicto, como si el protagonista estuviera atrapado en una dimensión sombría —el infierno— de la que no puede escapar. Un tema que demuestra cómo la banda puede condensar potencia y narrativa en un formato más compacto.
En cuanto al apartado visual, las portadas de Symphony X han recurrido con frecuencia al arte digital, con resultados a veces desiguales, pero ya convertidos en una marca reconocible del grupo. La imagen de Paradise Lost es probablemente una de las más logradas por la forma equilibrada en que combina sus elementos simbólicos. En Underworld, la propuesta mantiene fuerza y coherencia estética, aunque sin alcanzar el mismo impacto. Por su parte, Twilight in Olympus ofrece una estética distinta, con una impronta mitológica que resulta particularmente atractiva.
Otro tema imperdible es Egypt, que supera los siete minutos. Una extensa introducción instrumental abre paso a un relato cargado de misticismo y simbolismo. La canción evoca antiguas civilizaciones, profecías y linajes ocultos, trazando un puente entre el mito y el destino humano. Musicalmente, la atmósfera se construye con paciencia hasta desembocar en pasajes de gran intensidad, confirmando la capacidad del grupo para combinar narrativa épica y precisión técnica.
Symphony X no es simplemente virtuosismo: es construcción, dramatismo y ambición conceptual. Su llegada a Montevideo es una oportunidad para experimentar en vivo esa potencia que equilibra técnica y emoción.
La invitación queda hecha: no dejen pasar un recital que promete marcar a los amantes del metal en nuestro país.
Y desde febrero de 2025, si buscan rock progresivo, rarezas y metal en todas sus vertientes, pueden escuchar Vientos de Acero, conducido por quien escribe. De 17 a 18 horas, los viernes, por Radio Señales, y también disponible en diferido durante toda la semana en su sitio web.
¡Nos leemos en la próxima columna!

