El trabajo invisible que sostiene la economía

En términos concretos, esto significa que las mujeres aportan tres veces más que los hombres al sostenimiento cotidiano de los hogares y de la vida familiar.

En el complejo entramado de la economía paraguaya existe un motor silencioso que sostiene la vida cotidiana y, al mismo tiempo, tiene un peso económico decisivo: el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Aunque durante décadas fue considerado una actividad privada del hogar, hoy los estudios muestran que su impacto en la economía nacional es enorme y que su carga recae principalmente sobre las mujeres.

De acuerdo con el informe “Visibilizar el valor del tiempo”, elaborado por la Secretaría Técnica de Planificación con apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el valor económico del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale al 22,4% del Producto Interno Bruto de Paraguay.

Esta cifra coloca al país por encima de otros de la región en la valoración económica del trabajo del cuidado. En comparación, el mismo tipo de actividad representa el 20,4% del PIB en Colombia y el 15,2% en Ecuador, lo que revela la magnitud del aporte invisible que se produce en los hogares paraguayos.

El estudio también revela una marcada desigualdad en la distribución de estas tareas. Del total de ese 22% del PIB generado por el trabajo de cuidados, el 76% es producido por mujeres.

En términos concretos, esto significa que las mujeres aportan tres veces más que los hombres al sostenimiento cotidiano de los hogares y de la vida familiar. Se trata de tareas esenciales: cocinar, limpiar, cuidar a los niños, atender a personas mayores o enfermas, y organizar la vida doméstica.

Sin embargo, al no ser remuneradas ni registradas como actividad económica formal, estas labores suelen quedar invisibilizadas en las estadísticas tradicionales del mercado laboral.

La concentración de estas responsabilidades en las mujeres tiene consecuencias directas sobre su autonomía económica. Mientras los hombres, en promedio, experimentan un superávit económico durante 36 años de su ciclo de vida —entre los 26 y los 62 años producen más ingresos de los que consumen—, las mujeres presentan un déficit económico permanente.

Esto ocurre porque tienen menor participación en el mercado laboral, menos horas de trabajo remunerado y salarios más bajos. Gran parte de su tiempo está destinado a tareas domésticas que no generan ingresos.

El fenómeno funciona como una especie de “techo de cristal dentro del hogar”: limita las oportunidades de inserción laboral y de desarrollo profesional.

¿Qué pasaría si ese trabajo fuera remunerado?

El escenario cambia radicalmente cuando se calcula el valor monetario del trabajo doméstico. Si esas tareas fueran pagadas —como ocurriría al contratar a una persona para realizarlas— la situación económica de las mujeres se modificaría de forma sustancial.

Según el estudio, las mujeres pasarían a tener un superávit económico de 28 años a lo largo de su vida productiva. Además, la brecha de producción económica con los hombres se reduciría considerablemente, especialmente hasta los 35 años.

Para estimar este valor se asignó un precio a cada hora dedicada a tareas domésticas y de cuidado, tomando como referencia el costo que implicaría contratar a alguien para realizar esas mismas actividades.

El tiempo del cuidado

Las tareas que más tiempo demandan a las mujeres son la cocina, la limpieza del hogar y el cuidado de niños pequeños, especialmente entre los 0 y los 5 años.

En la cocina, por ejemplo, la diferencia es notable. Las mujeres dedican en promedio una hora y media diaria, mientras que los hombres apenas 15 minutos, lo que representa una brecha de casi cinco veces.

Esta distribución desigual del tiempo se refleja en el total de horas dedicadas al trabajo no remunerado. Las mujeres destinan 12,9 horas semanales, mientras que los hombres dedican 7,5 horas.

Un desafío para la economía y las empresas

Más allá de su dimensión social, estos datos también tienen implicancias económicas importantes. Para el sector empresarial, la desigual distribución del trabajo de cuidados representa un enorme potencial de talento humano subutilizado.

Una mayor inversión en educación y capacitación de las mujeres podría traducirse en un crecimiento económico más dinámico si ese capital humano se incorpora plenamente al mercado laboral con condiciones de igualdad.

En Paraguay, visibilizar el valor económico del cuidado es también una forma de reconocer que gran parte de la riqueza social se produce dentro de los hogares.

Un trabajo silencioso, cotidiano e imprescindible que sostiene la vida de millones de personas y que, hasta hace poco, permanecía fuera de las cuentas oficiales de la economía.

Comparte esta nota:

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Últimos artículos de Diario La R Paraguay