Según un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) elaborado por los demógrafos Amand Blanes y Mathías Nathan, la población del país caerá de los 3.491.763 habitantes registrados en 2024 a solo 3.043.670 en 2070. Es una baja de casi 450.000 personas. La cifra, sostienen los investigadores, se acerca a la población que tenía Uruguay en 1985.
El máximo poblacional se alcanzó en 2020, con 3,5 millones de personas, sin embargo a partir de 2021 comenzó el descenso. En el primer quinquenio proyectado (2024-2029) la baja es del 0,7%, y en el último (2065-2070) se acelera al 3%. Los investigadores aclaran que este fenómeno no es exclusivo de Uruguay, sino que se ha convertido en una tendencia en varias regiones del mundo.
El informe del INE sostiene que el envejecimiento marcará el futuro demográfico del país. La estructura por edades cambiará por completo, pues en 2024, los niños y adolescentes de hasta 14 años representaban el 18% de la población. En 2070 caerán al 11,5%. Habrá menos de 350.000 niñas y niños, una reducción del 44,3%.

El grupo en edad laboral (de 15 a 64 años) crecerá levemente hasta 2033, pero luego comenzará a disminuir. En 2070 se estiman 1,7 millones de personas en ese rango, un 26,2% menos que ahora. La cantidad de personas mayores de 65 años, en cambio, casi se duplicará. Subirá de 553.000 en 2024 a 990.000 en 2070. Pasarán del 15,8% actual a un tercio de la población total.
La edad media en Uruguay era de 39 años en 2024 y llegará a 44,3 años en 2045 y a 49,9 años en 2070, es decir, casi 50 años. Nunca el país había tenido una población tan envejecida. Los investigadores advierten que este cambio impactará todos los aspectos de la vida como la educación, el mercado laboral, el sistema de salud, la seguridad social y la vida cotidiana de las familias.
Ante este panorama, las políticas migratorias adquieren un rol central. A diferencia de otros países con baja natalidad, Uruguay aún puede atenuar el declive mediante la incorporación de población extranjera en edad laboral y reproductiva. En los últimos años el país ha recibido flujos migratorios desde Venezuela, Cuba, República Dominicana y Argentina, entre otros.
Especialistas señalan que una migración ordenada e integrada puede compensar parcialmente la caída de la tasa de natalidad y ayudar a sostener el sistema de seguridad social. Sin embargo, advierten que no alcanza solo con recibir inmigrantes. Hacen falta políticas activas de integración laboral, vivienda y educación que permitan el arraigo. De lo contrario, el fenómeno migratorio puede ser transitorio y no revertir la tendencia de fondo.
Algunas medidas que se están evaluando en organismos públicos y en el Parlamento incluyen la simplificación de trámites de residencia, el reconocimiento de títulos universitarios extranjeros y programas de apoyo a la reunificación familiar. La residencia por arraigo, impulsada por la diputada Leydis Aguilera, es uno de esos instrumentos. El proyecto busca regularizar a decenas de miles de personas que ya viven en Uruguay pero no han podido obtener su documentación definitiva.
Con menos personas en edad de trabajar, la economía podría perder dinamismo. El sistema de jubilaciones enfrentará el desafío de sostener a una población mayor cada vez más numerosa con menos aportantes activos. El gasto en salud también se incrementará, porque las personas mayores requieren más cuidados y medicamentos. La caída de la población infantil afectará el sistema educativo y por otro lado, las localidades del interior, que ya sufren emigración de jóvenes hacia Montevideo y al exterior, serán las más golpeadas. Si las tendencias actuales se mantienen, en 2070 Uruguay será un país radicalmente distinto. La decisión de abrirse a la migración no es solo una cuestión humanitaria, es también una necesidad estratégica.


En ese orden , se hace urgente para el gobierno atender a la salud física y psiquica de una población envejecida El New York Times publica ayer cómo un grupo de voluntarias comunitarias se está ocupando en atender un sector de personas mayores solas
Dentro de poco tiempo serán muchas más y no va a alcanzar con voluntarios
La mejor forma y más barata de mantener un estado de salud es la actividad Los gobiernos deberían dar posibilidades de trabajo ya sea como colaboradores, asesores,consultantes a personas jubiladas de acuerdo a las tareas desempeñadas Hay que tener claro que no van a haber activos suficientes para mantener a los pasivos ni recursos para pagar enfermedades seniles