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Cuando la cirugía estética se vuelve compulsiva

Detrás de la decisión de someterse a una cirugía estética no siempre hay una elección consciente. En un alto porcentaje de casos, lo que motiva la intervención no es un deseo genuino de mejora, sino un trastorno psicológico que distorsiona la percepción del propio cuerpo.

Hay personas que se someten a cientos de cirugías y no quedan satisfechos

Cada año se realizan millones de cirugías estéticas en todo el mundo. Detrás de muchas de ellas hay personas que buscan mejorar su autoestima o corregir un rasgo que les incomoda. Pero existe un grupo que no encaja en ese perfil. Son quienes, a pesar de repetir procedimientos, nunca quedan satisfechos. 

Quienes ven en el espejo algo que los demás no perciben. Quienes convierten la cirugía en una búsqueda interminable que ninguna intervención parece detener. El trastorno dismórfico corporal (TDC) es una enfermedad mental en la que la persona no puede dejar de pensar en uno o más defectos percibidos en su apariencia . Esos defectos, en la mayoría de los casos, son menores o incluso inexistentes para quienes los rodean . Pero para quien los padece, son reales y angustiantes.

La persona puede pasar horas al día mirándose al espejo, comparándose con otros o buscando formas de ocultar o corregir lo que considera una imperfección. Esta preocupación consume tiempo y energía, y termina interfiriendo en la vida social, laboral y familiar .

El TDC afecta a entre el 2% y el 3% de la población general

El TDC afecta a entre el 2% y el 3% de la población general, según datos del Manual Merck, y suele comenzar en la adolescencia. Es más frecuente en mujeres y a menudo se presenta junto con otros trastornos como la depresión o la ansiedad . Pero uno de los rasgos más característicos es la búsqueda compulsiva de procedimientos estéticos.

Las personas con TDC recurren a numerosos procedimientos cosméticos para intentar “arreglar” el defecto que perciben. Pueden sentir una satisfacción temporal o una reducción breve de la angustia, pero la ansiedad regresa. Entonces vuelven a buscar otra cirugía, otro tratamiento, otra forma de corregir lo que para ellos sigue siendo un defecto inaceptable .

Este ciclo convierte la cirugía estética en una práctica compulsiva. Lo que comienza como una intervención puntual puede derivar en una adicción, entendida como un comportamiento repetitivo que la persona no puede controlar. La insatisfacción con los resultados, lejos de frenar el proceso, lo alimenta.

Según datos de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre el 75% y el 80% de quienes buscan cirugías estéticas presentan algún grado de trastorno dismórfico corporal . En los entornos de cirugía plástica, la prevalencia del TDC ronda entre el 13% y el 19%, y en el caso específico de la rinoplastia, puede llegar al 20% .

Esto significa que una proporción significativa de los pacientes que llegan al quirófano no están buscando una mejora estética, sino una solución a un problema que la cirugía no puede resolver. El TDC no se corrige con bisturí. Se trata de una alteración de la percepción, no de la apariencia. Por eso, los especialistas insisten en la necesidad de una evaluación psicológica previa a cualquier procedimiento .

Someterse a cirugías repetidas no solo tiene consecuencias económicas, sino también físicas y emocionales. El riesgo de complicaciones aumenta con cada intervención. La insatisfacción persistente puede derivar en depresión, ansiedad, aislamiento social y, en los casos más graves, en conductas autolesivas .

El cirujano plástico no solo opera, también evalúa. Identificar a tiempo a un paciente con TDC es parte de su responsabilidad ética. Preguntar por las razones que motivan la cirugía, indagar en la historia de procedimientos previos y detectar señales de insatisfacción recurrente son pasos que pueden evitar que una persona entre en un ciclo del que luego no pueda salir.

En un contexto donde las redes sociales y los filtros de belleza imponen estándares cada vez más irreales, la percepción distorsionada del cuerpo se ha vuelto más común. La presión por alcanzar una imagen idealizada puede desencadenar o agravar el TDC.

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